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sábado, 7 de noviembre de 2015

PRESERVAR LA MEMORIA DE LOS ELECTRICISTAS…

EDITORIAL.

INVITACIÓN ESPECIAL…

PRESERVAR LA MEMORIA DE LOS ELECTRICISTAS…

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   El valor de la memoria es inapreciable. La memoria nos ayuda a recordar el pasado desde nuestro presente. En ese sentido, el ser humano crea su vida con los aconteceres pretéritos y es que, como afirmaba el eminente historiador Edmundo O´Gorman, “el pasado nos constituye”.
   Sin pasado no hay presente posible que garantice a su vez, la certeza del futuro, de la posteridad. Estos panoramas del tiempo son necesarios para nosotros en lo individual o como sociedad. Pero también es necesario conservarlos y compartirlos con otros. Así una fotografía, una carta, el documento prescindible o imprescindible pueden causarnos alegría, dolor o melancolía u otro tipo de sentimiento pues mirarlos o leerlos de inmediato producen recuerdos, siendo inevitable no recordar. Del mismo modo, también es admirable cómo esa poderosa capacidad de nuestro cerebro permite construir o reconstruir de nuevo aquellos escenarios, los cuales en buena medida nos regresan hasta esos momentos.
   Evidentemente la comunidad de trabajadores que formamos parte, lo mismo en Luz y Fuerza del Centro que en el Sindicato Mexicano de Electricistas, tenemos que contar muchas historias las que, en buena medida pueden volver a recobrar sentido, significado mientras no se produzca un olvido u omisión.


   Tenemos claro que la extinción de Luz y Fuerza en octubre de 2009 causó un severo daño del que unos y otros vamos reponiéndose en función de nuestras capacidades y resistencias. La dura experiencia apenas nos da ánimo para pensar en otra cosa que no sea la justicia. Sin embargo, quedan elementos muy valiosos que recuperar no solo de ese oscuro capítulo. También es importante la recomposición de todo lo que fuimos. Ese valor solo es posible recuperarlo si hacemos el enorme esfuerzo por evitar que nuestra memoria, la de los electricistas no se pierda. Por tanto, debemos recuperarla asociándonos, no disociándonos. Cada uno de nosotros tenemos algo que aportar, desde la anécdota, hasta la fotografía. Del documento que conservamos hasta aquellos otros materiales como una revista, un contrato colectivo de trabajo, un álbum fotográfico. Incluso la filmación de algún evento, la inauguración de una sucursal, una excavación, una puesta en servicio de los muchos centros de trabajo que nos integraron como la unidad electricista que fuimos. Una vieja fotografía en los desfiles del 1° de mayo, o de las tensas reuniones en los auditorios del Sindicato. La colocación de una bandera rojinegra, en fin… Todo, todo eso es valioso en la medida que sea un testimonio gráfico o escrito por salvar. No recuperarlo nos pone a un paso del olvido. Debemos rescatar nuestra memoria. Tenemos que hacerlo. Sin tu colaboración este propósito no tiene ningún sentido.
   Esperamos que esta invitación no se quede en el intento. Participemos todos cuantos queramos participar con la idea de conservar nuestro paso. En el futuro será posible que aquellos interesados sobre nuestro paso sepan quienes fuimos. No nos perdamos en el anonimato, ni tampoco nos dejemos llevar por ciegas e inútiles pasiones, que para los años que han transcurrido son absolutamente inútiles e infantiles. Las generaciones venideras lo agradecerán infinitamente.


7 de noviembre de 2015.

POESÍAS DE IGNACIO PÉREZ SALAZAR Y OSORIO.

LUZ… A LOS POETAS. FUERZA… A LOS POETAS.

SELECCIÓN DE: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 


   En la célebre colección “Biblioteca de autores mexicanos”, editada por la Tipografía de Victoriano Agüeros, se publicó en 1906 en su número 56 el libro POESÍAS de Ignacio Pérez Salazar y Osorio, Miembro de la Sociedad de Geografía y Estadística y de otras corporaciones literarias.


   Entre las páginas 325 y 327 se encuentra el poema En la implantación de la luz eléctrica, hecho que ocurrió en la ciudad de Puebla un 2 de Abril de 1888, coincidiendo por cierto con efeméride de suyo emblemática: la que recordaba al General Porfirio Díaz, triunfal soldado en la batalla del año 1867, fecha con la que se sentenció a muerte al Segundo Imperio. La madrugada de ese 2 de abril, los ejércitos de Leonardo Márquez y Porfirio Díaz se enfrentaron en las afueras de Puebla resultando triunfal aquella batalla para el oaxaqueño quien mantuvo sitiada y bajo su control la ciudad angelopolitana hasta el 21 de junio siguiente.
   De todo lo anterior, como mera coincidencia, regreso a los versos de Ignacio Pérez Salazar y Osorio, tal y como quedaron concebidos

En la implantación de la luz eléctrica.

Por el Atoyac bañada
Se alza esta ciudad hermosa,
Por sus hazañas, gloriosa,
Por sus triunfos, celebrada.

Es del viajero admirada
Por su clima y por su cielo,
Y porque ostenta en su suelo
Obras del genio feliz
Del insigne Tamariz,
Que son del arte modelo.

Más entre tanta riqueza
Como le dio la fortuna,
Tan sólo faltábale una
A completar su belleza.

Pero en esta noche empieza
Mejora tan importante;
Ya luce desde este instante
La claridad meridiana.
Ya logra decir ufana:
“En el progreso: ¡Adelante!”

Vista panorámica de Puebla. Ca. 1900. Col. del autor.

Puedes romper, ciudad mía,
De sombra el negro capuz,
Que con la eléctrica luz
La noche tórnase en día.

Mejora de tal valía
Te da atractivos mayores;
Por eso brindo, Señores,
Con la voluntad mejor,
Por su ilustre iniciador
Y por sus implantadores.

También por ti, sexo bello,
Mitad del alma querida,
Que imprimes en nuestra vida
De encanto mágico sello.

Que con el vivo destello
De tus ojos, iluminas
Con claridades divinas
Nuestro existir; por ti, brindo,
Que culto ¡oh, damas! os rindo,
Bellas rosas sin espinas.


Puebla, 2 de abril de 1888.

EL RESPLANDOR AZUL, HÉCTOR DE MAULEÓN.

LUZ y FUERZA DE LA MEMORIA HISTÓRICA y SUS AUTORES INVITADOS.

SELECCIÓN DE: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

EL RESPLANDOR AZUL, HÉCTOR DE MAULEÓN.

El resplandor azul
Héctor de Mauleón
El Universal
Domingo 2 de octubre de 2005.

   Cada noche, en las ventanas de la ciudad de México cintila un resplandor azul. Significa familias congregadas y gente que muere a solas frente a un televisor que le habla.
   Manuel Payno expresó en el siglo XIX que las casas de México debían encerrar secretos que sólo la literatura podía revelar. Hoy, el mundo es menos misterioso. Los condominios, las casas de interés social y las residencias de lujo encierran tras sus muros una televisión encendida.

Facsímil de la Portada del Reglamento expedido por el Conde de Revillagigedo en materia de alumbrado público…, allá por 1790.

   Los secretos, ahora, acaso deben ser buscados en la calle: el resplandor parpadeante indica el final del mundo de Payno, la estandarización de la personalidad y de eso que un día se llamó "cuadros de costumbres". Terminaron los misterios.
   La historia de la noche en la ciudad de México es, de algún modo, la historia del color que la ha iluminado.
   Tras su refundación en 1521, la antigua Tenochtitlán hubo de pasar más de dos siglos a oscuras: como no se había inventado el alumbrado público, la capital de la Nueva España era una suma de corredores oscuros, bocas de lobo que de acuerdo con el cronista Arturo Sotomayor, debieron poner a los caminantes nocturnos en riesgo de caer en las acequias o de "dar con el pecho a la barriga en bardas semiconstruidas". La ciudad era entonces de color negro. Un puñado de antorchas, que ardían de trecho en trecho, provocaba un levísimo resplandor rojizo, como el fuego de las rajas de ocote que hacía del ambiente general "un terciopelo negro bordado de luciérnagas movedizas".
   ¿Qué podía hacer la gente bajo ese color? Artemio de Valle-Arizpe dice que sólo tres cosas: dormir, rezar o contar historias de espantos. La cuarta cosa posible no la menciona el cronista, pero a ella debemos atribuir el rápido crecimiento demográfico que, pese a las continuas y diezmantes epidemias, ayudó una y otra vez al repoblamiento de la capital.

INAH, Sistema nacional de Fototecas. N° catálogo: 4477

   En 1790, el virrey Revillagigedo iluminó las calles con lámparas de aceite, y creó un ejército de serenos que las alimentaran. La ciudad se volvió amarilla: la gente durmió menos (se había abierto, por cierto, la primera cafetería), rezó infatigablemente (pero con miras ya de abolir la Inquisición), contó leyendas y tradiciones de cuando la ciudad era oscura, y luego siguió repoblando la capital, porque ahora era menos peligroso que los amantes salieran a la calle en busca de su amada.
   Cien años después Porfirio Díaz introdujo las lámparas de gas, y luego la bombilla eléctrica. La ciudad se volvió blanca: comenzó a brillar a mitad de la noche como una joya pulida. Manuel Gutiérrez Nájera se quejó porque la luz eléctrica permitía descubrir las arrugas en el rostro de las mujeres, pero gracias a ésta la noche dejó de ser, por primera vez, un territorio extraño. En los salones y los bares porfiristas fue posible atravesar las sombras, seguir directo hasta el alba. Una blanca luz, encendida en la madrugada, quería decir que la vida continuaba; que a la noche se llegaba con insomnio, o con furia, o con danzas de Ernesto Elorduy.
   ¿Fue Salvador Novo el que dijo que la invención del neón pintó la ciudad de rojo y de morado? En todo caso, lo que sí dijo es que el neón creó una nueva escritura. Promovió la palabra "Hotel", difundió la palabra "Cabaret", acreditó el término "Salón de baile", e hizo nacer el mito de La Vida Nocturna: los usos de una ciudad que dormía menos, había dejado de rezar, y definitivamente comenzaba a olvidar las viejas historias de espantos.
   Mas héte aquí que vinieron los años 50, y el ingeniero González Camarena, y la inauguración de Televicentro, y el descubrimiento de que a la noche no era necesario llegar con insomnio, ni furia, ni danzas (pues existía ya el programa Noches tapatías). Había comenzado el resplandor azul: ese parpadeo uniformador, como de novela de Huxley; omnipresente, como de novela de Bradbury, que en menos de 50 años invadió por completo los espacios íntimos de la ciudad, asesinó sus secretos, y nos llevó a morir frente al televisor que ilumina el sitio más destacado de nuestras casas.

INAH, Sistema nacional de Fototecas. N° catálogo: 2352

   Por cierto, esta fotografía nocturna fue tomada por Manuel Ramos, la que nos parece un trabajo a contraluz y de contraste simplemente hermoso, donde se incluye un efecto en el retardo de la captura, lo que se deja apreciar en esa tenue estela que aparece poco más debajo de la palmera que se encuentra a la derecha.

NOS PERSIGUE LA OSCURIDAD.

LUZ y FUERZA DE LA MEMORIA HISTÓRICA y SUS AUTORES INVITADOS.

CRÓNICAS NEURÓTICAS, POR RAFAEL PÉREZ GAY.

SELECCIÓN DE: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Este autor contemporáneo nuestro, entregó el 25 de septiembre de 2006 “Nos persigue la oscuridad”, una más de sus “Crónicas neuróticas”, publicada en la edición de El Universal de aquel día. En esas notas, además de poner como “lazo de cochino” el servicio de la entonces Luz y Fuerza del Centro, su pluma fue conduciéndolo por senderos de la historia donde nadie mejor que el propio Pérez Gay para que nos cuente de qué va la historia…

Crónicas neuróticas
Rafael Pérez Gay.
El Universal del lunes 25 de septiembre de 2006.

Nos persigue la oscuridad

   Los postes de luz pública que iluminan la entrada de mi casa han dejado de abastecer energía desde hace una semana. De noche entramos a la casa por una boca de lobo y al pasado remoto, a una rara oscuridad del siglo XIX mexicano. Meter la llave en la cerradura es una obra mayor de precisión; el sentido del tacto, nuestra única arma. Los trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza nos han olvidado. Las tinieblas gobiernan la calle hasta las siete y diez de la mañana. A esa hora indecisa se apaga el alumbrado público, que en nuestro caso nunca encendió, y los charcos de las lluvias nocturnas despiden reflejos artificiales. Sugiero que compremos linternas para que abrir la cerradura no sea un calvario. Mientras adivino a ciegas la ranura Yale, recuerdo que derrotar a la oscuridad ha sido uno de los sueños de los gobernantes de la Ciudad de México y desde luego uno de sus grandes negocios. Las primeras luces públicas de gas iluminaron las calles de la Ciudad de México a la mitad del siglo XIX, cuando Ignacio Comonfort las inauguró en 1857.

INAH, Sistema nacional de Fototecas. N° catálogo: 4435.

   Plateros y San Francisco (después Madero) fue la primera avenida iluminada por los mecheros de gas. Es posible imaginar las sombras que provocaban las débiles luces en las calles de Empedradillo, Coliseo, Palma, a los coches de alquiler rompiendo las tinieblas apenas disputadas a la oscuridad por los destellos del mechero.
   En 1872, los habitantes de la ciudad asistieron a la inauguración del alumbrado de gas en La Alameda Central; la perplejidad de esa mirada descubrió, en 1876, cuatro grandes candelabros de bronce que le quitaron al Zócalo el aspecto lóbrego de sus noches. México salía de las sombras más de cincuenta años después de que las grandes ciudades se iluminaban: la luz de gas llegó a Londres en 1807, a Berlín y Baltimore en 1816, a París en 1819. Vicente Riva Palacio dejó escrita una estampa desconsolada de la ciudad de México a finales del siglo XVIII: "Las calles sin cloacas ni albañales, sin banquetas ni empedrados, forman grandes depósitos de aguas corrompidas, las basuras arrojadas de las casas se reunían en grandes montones que alcanzaban tanta altura, que algunos de ellos y en parajes muy frecuentados, tenían el aspecto de una colina; faltaba el alumbrado público en las noches, pues para suplirlo se había ordenado que los vecinos colgaran un farol en las ventanas o en los balcones de sus casas; ningún arreglo en los mercados, ningún cuidado en la higiene". Aunque iluminar la ciudad con electricidad fue uno de los grandes triunfos del porfiriato, la penumbra dominaba aún a la luz artificial.

INAH, Sistema nacional de Fototecas. N° catálogo: 91522

   En la década de los años ochenta se creó la Inspección del Alumbrado Público. En 1890, la ciudad contaba con 300 luces de arco voltaico de dos mil velas de luz cada uno. Al cambiar el siglo, en las calles de la capital se combinaban el arco voltaico, la lámpara de aceite, la de trementina y el mechero de gas.
   Los atardeceres transparentes eran la puerta de entrada al mundo del delito, la prostitución, el secreto, la vida prohibida. Cuando el siglo XX despuntaba, las calles de la ciudad, en la noche, pertenecían a las tinieblas, a las leyendas de la Colonia, al territorio de los fantasmas, al gobierno de las almas en pena.
   Los artistas hicieron de la noche un gran acontecimiento en sus viajes nocturnos. Conquistaron las sombras y se instalaron en los interiores porfirianos, en el gabinete, en el bar, en el burdel. El arco voltaico produjo imágenes delirantes, un vasto sueño porfiriano que agobió a los modernistas de principios de siglo. A partir de entonces nadie volvió a mirarse de la misma forma en los espejos de la noche.
   En su Crónica del alumbrado público, Emilio Carranza cuenta que en el año de 1900, apenas setenta y cinco poblaciones del país contaban con luces públicas. En 1921, cuando mi abuelo Herminio Pérez Abreu era presidente municipal, la capital tenía un millón de habitantes y ocho mil lámparas públicas. Treinta años después, en 1951, el Distrito Federal de Ernesto P. Uruchurtu tenía tres millones y medio de habitantes distribuidos en una superficie de 249 kilómetros cuadrados y un alumbrado de 35 mil lámparas.

INAH, Sistema nacional de Fototecas. N° catálogo: 382542

   En materia de luces públicas, el pasado nos persigue. En casa estamos a punto de iluminar la calle con antorchas de ocote colgadas en la pared, como hacían los habitantes de Tenochtitlan para señalar la entrada de sus casas. Los enemigos acérrimos de la privatización afirman que tenemos luz para dar y repartir. Tengo mis dudas. Conseguir ocote es dificilísimo, por eso insisto en las linternas. Si viene el ventarrón, el transformador del poste de la esquina va a echar chispas y nos vamos a quedar sin luz afuera y adentro. Una noche volveremos a la oscuridad del siglo XIX. Al tiempo lo hablamos. Por lo menos, el gobierno debería reinstalar el oficio del guarda farolero que traía un chuzo, un farol y un silbato. Por cierto, hay que ir a la tlapalería, necesitamos jergas, cubetas y costales para la inundación y linternas para los apagones. Por ahora, si vienen a casa háganlo en una carroza, cúbranse con una capa y empuñen un bastón: aquí es el año de 1890.


viernes, 6 de noviembre de 2015

UN DÍA COMO HOY… 6 DE NOVIEMBRE… PERO DE…

EFEMÉRIDES DE LUZ y FUERZA DEL CENTRO… Y TAMBIÉN DEL SINDICATO MEXICANO DE ELECTRICISTAS. UN DÍA COMO HOY… 6 DE NOVIEMBRE… PERO DE…

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

UN DÍA COMO HOY… 6 DE NOVIEMBRE… PERO DE… 1925: El Sr. G.R.G. Conway, Director Gerente de las Compañías, nombró Superintendente del Departamento de Construcción al señor Ingeniero Willis Ranney, quien tendrá a su cargo todos los trabajos relacionados con adiciones a las plantas actuales, así como la construcción de nuevos proyectos.[1]

UN DÍA COMO HOY… 6 DE NOVIEMBRE… PERO DE… 1927: El día 6 del actual, a las 19 horas, se llevó a cabo, en el salón del Centro de Ingenieros y Arquitectos de México, la interesante conferencia organizada por el Instituto Americano de Ingenieros Electricistas, sección de México, habiendo asistido a la misma una numerosa concurrencia, integrada, en su mayor parte, por distinguidos ingenieros, hombres de negocios, estudiantes, etc.

Electra. El Magazine de Luz y Fuerza y Tranvías, Año III, enero de 1929, Nº 42, p. 16.

   La conferencia estuvo a cargo de los conocidos ingenieros Sres. Basil Nikiforoff y G. Gibelini, el primero, jefe del Departamento Eléctrico de la Cía. Mexicana de Luz y Fuerza Motriz, S.A., y el segundo, jefe del Departamento Hidráulico de la propia Compañía.
   Ambos distinguidos conferencias trataron sobre los desarrollos hidro-eléctricos que la Cía. Mexicana de Luz y Fuerza Motriz, S.A., está llevando a cabo en Tepuxtepec, Mich., en donde se construye una gran presa sobre el río Lerma, cuyas aguas serán utilizadas en la producción de energía eléctrica.
   El Sr. Nikiforoff tuvo a su cargo la parta netamente relacionada con la electricidad, mientras que el Sr. Gibelini versó sobre las obras hidráulicas, tema que abordó con suficiencia de conocimientos, dejando ambos una grata impresión en el ánimo del selecto auditorio.
   Terminado el acto, los asistentes se apresuraron a felicitar a los señores Nikiforoff y Gibelini.[2]

Electra. El Magazine de Luz y Fuerza y Tranvías, Año III, enero de 1929, Nº 42, p. 17.

[1] Electra. El Magazine de Luz y Fuerza y Tranvías, Año I, noviembre de 1925, Nº 4, p. 8.
[2] Electra. El Magazine de Luz y Fuerza y Tranvías, Año II, diciembre de 1927, Nº 29, p. 22.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

NI MERINOS NI LADRONES...

EDITORIAL.

Por: José Francisco Coello Ugalde.

   Así rezaba una colaboración en LUX, la revista de los trabajadores del año 1960, luego de que se nacionalizara la industria eléctrica, gracias a la oportuna intervención del entonces presidente de la república, el Lic. Adolfo López Mateos. Y es que la frase proviene del discurso que el propio personaje dirigió al pueblo, pero también a los electricistas reunidos en la Plaza de la Constitución el 27 de septiembre de 1960. Dichas palabras, fueron el complemento de aquel segmento histórico del informe presidencial que el propio López Mateos pronunciara el día primero de aquel mes patrio. Hoy ese discurso aplicaría sin miramiento alguno luego de que la Secretaría de Energía ha informado sobre la entrega que ha hecho al grupo “Dragón”, comandado por Raúl Salinas Pliego, fuerte empresario en el sector televisivo, y que se encargará de la generación de energía eléctrica en la modalidad de geotermia en un campo ubicado en el sur del estado de Nayarit.

LUX. La revista de los trabajadores. Año XXIX, 2ª época, N° 85, 30 de septiembre de 1960, p. 16.

   La imparable Reforma energética y sus leyes secundarias como puede verse, atiende intereses que en otra época habrían sido impensables. Lamentablemente nuestros tiempos, sometidos al neoliberalismo y a la postmodernidad no tienen en su código principios que vayan en concordancia con ese relegado Art. 27 constitucional que, a la letra dice:

Artículo 27. La propiedad de las tierras y aguas comprendidas dentro de los límites del territorio nacional, corresponde originariamente a la Nación, la cual ha tenido y tiene el derecho de transmitir el dominio de ellas a los particulares, constituyendo la propiedad privada.

   Y más aún:

Corresponde exclusivamente a la Nación la planeación y el control del sistema eléctrico nacional, así como el servicio público de transmisión y distribución de energía eléctrica; en estas actividades no se otorgarán concesiones, sin perjuicio de que el Estado pueda celebrar contratos con particulares en los términos que establezcan las leyes, mismas que determinarán la forma en que los particulares podrán participar en las demás actividades de la industria eléctrica.

¡Cuán vulnerable es la memoria! que ya se ha echado de menos un principio como este, sobre todo cuando para que todas estas acciones ocurran en la forma en que lo vemos, fue necesario quitar de en medio y en la forma más artera a 44 mil trabajadores de Luz y Fuerza del Centro que teníamos un compromiso con la sociedad, compromiso que estaba condicionado al cada vez más reducido presupuesto que asignaba el gobierno. De ahí que nuestro servicio quedara en entredicho. Hoy, ese episodio, que deliberadamente olvida el estado, hace ver, como lo piensa Pedro Joaquín Codwell –Secretario de Energía- que “la reforma energética cada vez avanza más”, como si con ello no digo que se logren avances importantes en la generación, pero su argumento valida los privilegios que han tenido intereses extranjeros y los del propio país, representados por capitalistas posicionados, para que estos incrementen sus capacidades las que hoy serán posible bajo esquemas de contratación que nada tienen que ver con el beneficio de la clase trabajadora, sometida una vez más a los dictados de un nuevo capítulo que tendría que ver con los avanzados planteamientos establecidos por núcleos fuertes del capitalismo, que potencian desde la más oscura de sus perversiones, el futuro de la humanidad, sin pensar incluso que a ello se debe, en buena medida, la tragedia del cambio climático.
   ¿Harán algo esos nuevos empresarios no solo para mejorar lo irreversible que ya es, en buena medida la consecuencia del cambio climático, sino  también en beneficio de la clase trabajadora?


4 de noviembre de 2015.

martes, 3 de noviembre de 2015

LA REVISTA "LUX"..., UNA POR UNA..., Y LAS QUE SIGAN. AGOSTO DEL AÑO 1929.

LA REVISTA "LUX"..., UNA POR UNA..., Y LAS QUE SIGAN. AGOSTO DEL AÑO 1929. REVISTA LUX N° 20-21.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

En portada: Maximo Gorki…,

…de cuya amplia obra aparece en la presente publicación un texto inscrito en su talento como narrador. Me refiero a “Más fuerte que la montaña”. Alekséi Maksímovich Peshkov, que era su verdadero nombre, dejó un legado en corrientes como el realismo socialista, siendo “Makar Chudrá” (1892) la primera de ellas, hasta “El Espectador” (1930), con la que cierra aquel manantial de producción literaria de este moscovita universal (1868-1936).

   Fue y sigue siendo costumbre por parte del Sindicato Mexicano de Electricistas, dar a conocer sus conocidas “Circulares”, instrumento de difusión en el que el Comité Central informa sobre actividades concretas donde el sindicato planteaba o sigue planteando circunstancias muy particulares en sus estructuras internas que sirven o han servido en su participación vinculada con otros sindicatos o que ha concretado acciones de apoyo o de movilizaciones, muchas de ellas emblemáticas en la memoria del propio S.M.E.
   Sobre la “Circular” a que me refiero, publicada en este número de agosto de 1929 se informa lo siguiente: 



Como podrán comprobar, se habla de un despido considerable de trabajadores en las Divisiones de Necaxa, Pachuca y Juandó, y donde los superintendentes (generalmente personal extranjero) tenían la orden de cumplir a cabalidad con la instrucción girada por la Cía. Mexicana de Luz y Fuerza Motriz, S.A. Por su parte, el Comité Central pidió en forma clara que la empresa reconsiderara aquel asunto, bajo el principio de que no se aceptaba el despido de 100 trabajadores. El acuerdo final fue que de 74 compañeros bajo amenaza en Necaxa, el reajuste final fue de 12 despedidos, a quienes se les otorgó la oportunidad de reingreso. Mismo caso ocurrió en las divisiones de Pachuca y Juandó donde al final de 17 amenazados, quedaron 12 y a 5 más también se les concedió oportunidad de reingreso. El documento se firmó en la ciudad de México el 10 de septiembre de 1929, por el entonces Secretario General, Felipe Bustos y otros cinco secretarios.
   En la lectura de páginas siguientes, se encuentra una interesante reflexión de Ernesto Velasco quien abona el asunto del que era para entonces tema de vital importancia para los sindicatos en aquella época. Me refiero al Proyecto de Código del Trabajo “formulado por la Comisión que al efecto designó el C. Presidente de la República”, cargo que ocupaba por entonces Emilio Portes Gil. En esos días, Velasco representaba no solo a los smeitas, sino que también lo hizo para los electricistas de todo el país. Largas y densas propuestas son las que aparecen publicadas, mismo tema que se reafirmó en la nota que Gonzalo Palma escribió bajo el mismo rubro.
   Otro colaborador más en esta ocasión fue Ignacio Herrera, quien al compartir “Algo de Comunismo” lo hizo sin intenciones propagandísticas o sectarias, sino con el solo objeto de definir y aclarar aspectos relacionados con la definición de ese campo del pensamiento que empezaba a materializarse en aspectos de la vida sindical. Dice Herrera, por ejemplo que “La diferencia entre los comunistas y los demás partidos del proletariado, se concreta sencillamente a dos puntos: primero, en las diversas luchas nacionales de los proletarios, los comunistas ponen de relieve y hacen valer los intereses que son independientes de la nacionalidad y comunes a todo el proletariado; segundo, en las diversas fases de la lucha entre el proletariado y la burguesía, los comunistas defienden los intereses totales y permanentes del proletariado”.
   Pascual M. González en la sección Problemas Obreros deja su impronta en “El Cooperativismo en Tranvías”, lo cual indica el grado de unidad que entonces existía con este gremio, hermanado hasta entonces con los electricistas a partir de la condición en la que la Mex-Light incluía entre sus propiedades a la Compañía de Tranvías de México y a la Compañía Mexicana de Luz y Fuerza Motriz, S.A. Destaca ciertos problemas que se vivieron por aquel entonces, enmarcados en el gran problema económico, dura realidad de la clase obrera, y ese otro en el que estaba de por medio la cohesión en organizaciones tales como la “Cooperativa de Consumo Tranvías”, S.C.L., así como la Alianza de Obreros y Empleados de la Compañía de Tranvías de México, S.A.
   Julio Flores, no confundirlo con el célebre poeta colombiano Julio Flórez, aporta testimonios en “Reflexiones al Margen de la Historia”, donde hace un recuento superficial, diríase que epidérmico y sin mayor propósito que el de unas notas de divulgación, sobre algunos de los célebres protagonistas en el capítulo de nuestra emancipación, esto al comenzar el siglo XIX mexicano.
   LUX habría cometido un grave error si en sus páginas no se hubiese publicado algo en relación con el espíritu sindical, por lo que la colaboración de Néstor Batres: “La Autonomía de los Sindicatos y el Régimen de sus Centrales o Confederaciones” nos presentara en su contenido los elevados alcances que mostraban las organizaciones sindicales en su conjunto, con lo cual se empezaba a entender que esta publicación se convertía en importante medio de difusión, pero también de diseminación en término de las ideas e inquietudes que la clase obrera necesitaba para defender sus derechos de mejor forma. En esos términos, el asidero intelectual de LUX hizo época.
   Reaparece por aquí, de nueva cuenta, la candente colaboración de “Armando Raspa”: “Sincronizando O.K.” con la que dirigentes y personajes del ambiente de los electricistas debieron mostrarse inquietos o molestos si en sus notas se mencionaba o insinuaba la presencia oportuna o inoportuna también de este interesante personaje, que por esos años se convirtió en el azote de… de quien se le atravesara en el camino.


   En la sección “Gráficas Mundiales” en donde imágenes y fotografías elegidas se matizaron de un color que va del verde claro al jade, destaca entre ellas una que me llama fuertemente la atención. Se trata de “Un charro de 1862”, la cual podría haber sido elaborada por el que en ese año era un célebre personaje vinculado con estos quehaceres, más campiranos que rurales. Me refiero al empresario, impresor y novelista Luis G. Inclán.
   Otra imagen más, que corresponde al paso de ballet, de los más complicados, pues el cuerpo descansa en la punta de los dedos de los pies. Se desconoce quién es la bailarina y quien el autor de la fotografía. El hecho es que la redacción supo aprovechar muy bien esta circunstancia para incluir junto a la misma, el poema que Ángel Cora O. escribió al respecto y que, por su curiosidad incluyo a continuación:


   “Lo prometido es deuda”. He aquí la inserción que los redactores de LUX tuvieron a bien incluir en este número doble de la publicación, órgano oficial del Sindicato Mexicano de Electricistas.
  


   En este doble número la “Comisión de Prensa” se vio en la necesidad de incluir una inserción, la cual informaba sobre la feliz circunstancia de que cada nuevo número de LUX generaba mayor demanda de solicitudes ya no solo en la zona central del país, sino que creció su radio de influencia a otras tantas partes del mismo. Por tal motivo, y ante los gastos que ello generaba, la redacción se vio obligada a crear un servicio de subscripciones trimestrales o por número suelto, con objeto de solventar los gastos que generaba su distribución. Así que si es de su agrado, aquí tienen ustedes el Boletín de Subscripción:


   Como se puede apreciar hasta aquí, el presente ejemplar fue fructífero como pocos, pues incluyó una buena parte de noticias, información todo ello con el concurso de colaboradores desinteresados, que con la presencia de plumas de primer orden. Por esta y otras razones, no puedo dejar de mencionar que en “Notas breves”, destaca el nombramiento de nuevos representantes, así como éxito de una recaudación en apoyo a compatriotas recluidos en las cárceles de los Estados Unidos, debido a la severa aplicación de las leyes de migración.
   También en “Cuentos Humorísticos”, José Rodríguez de la Peña puso su “Cuarto a espadas” y entregó a los redactores de LUX un texto que denominó “La Novela de Ramona”, cuya manufactura tiene como andamiaje el buen humor.
   Como fin de número, no nos quedamos sin saber, gracias a “Don Silencio” que la novena de “Chiclets Adams” se adjudicó otro gran triunfo luego de celebrarse un partido de beisbol en el Parque Delta el 8 de agosto de aquel año. El mismo se dio frente al “Delta”.
   Y con la publicidad de la “Sala de Electricidad” que la empresa organizó en sus propias oficinas centrales, las de Gante N° 20, se cierra por ahora el análisis a un número más de LUX, órgano oficial del Sindicato Mexicano de Electricistas. Hasta la próxima.