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lunes, 3 de febrero de 2014

¡QUE EL FUTURO NO NOS ALCANCE!

EDITORIAL.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   La sola contemplación de esta imagen y en lo personal, me conmovió hasta las entrañas.

La Jornada, D.F., del sábado 1° de febrero de 2014, p. 29.

   Necesidades vitales como el agua, recurso que día con día se está convirtiendo no sólo en prioridad, sino en motivo de posibles nuevos escenarios, como este, o como el inminente enfrentamiento habido entre diversos sectores de la sociedad que no alcanzan o no tienen el acceso seguro a tal servicio, serán asuntos cotidianos dentro de muy poco. Pero no solo cotidianos, sin más. Se espera que detonen en conflicto que podría ser de alto riesgo en la medida en que no exista planeación por parte de gobiernos y autoridades por distribuirla en forma correcta, cobrándola también en su justa dimensión. Pero para que eso sea posible, se necesita que exista un fundamento que estamos sobreexplotando en forma voraz y desmedida: la propia naturaleza. En cosa de unos cuantos años, los que van desde la primera revolución industrial y hasta nuestros días, apenas dos siglos y medio aproximadamente, respecto a la larga línea del tiempo y al punto en que el planeta adquirió equilibrio luego de superar otras tantas perturbaciones naturales, se ha visto alterado en forma tal que se ha perdido el control de muchos ciclos naturales, se han ido exterminando mantos acuíferos, bosques, manantiales, y un largo etcétera. De ahí que la naturaleza misma responda con el ya muy conocido cambio climático que viene cimbrando a la humanidad toda en forma contundente de un tiempo para acá. Si los gobiernos a nivel mundial, pero sobre todo las potencias no expresan su voluntad por establecer medidas preventivas, la naturaleza se confrontará con el ser humano de una forma impensable.
   Entre otros recursos donde la electricidad tiene un protagonismo esencial, se requieren elementos naturales como el agua, los vientos, la radiación solar para que ese complejo sistema produzca, genere, transmite, distribuya y comercialice la energía misma, instalando toda su infraestructura por aquí y por allá, en aras de que un país como el nuestro siga avanzando, en medio de las limitadas oportunidades que hoy ofrece la crisis, y de la que los más recientes pronósticos, como el que manifestó el Presidente del Banco de México, Agustín Carstens, son desoladores.


   No es deseable para nadie, y mucho menos para las generaciones emergentes un escenario como el que a veces prevemos en el sentido de qué futuro enfrentarán los demás.
   Si en algo puede ser útil nuestra presencia, desearíamos participar directamente en la reforestación urbana y rural, en la limpieza de las miles y miles de toneladas de basura que se producen al día, de sumarnos a la depuración de un ambiente que respiramos, no siempre sano (¿imagínense qué respiramos?). Construir una nueva cultura urbana de recuperación de la propia ciudad convertida en un monstruo insensible que extiende sus tentáculos en forma desmedida, irracional, hasta convertirnos en frágiles y vulnerables ciudadanos que merecemos una mejor vida, a pesar de que la modernidad, o la postmodernidad y ese neoliberalismo rapaz han sido capaces de convertirse en poderosos remolinos que acaban y acaban no sólo con la naturaleza, sino también con las sociedades.
   ¡Que el futuro no nos alcance!


3 de febrero de 2014.

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