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lunes, 18 de noviembre de 2013

FANNY RABEL TAMBIÉN SE SUMA COMO ILUSTRADORA PARA UN MENSAJE PUBLICITARIO EN TORNO A LA ELECTRICIDAD.

CURIOSIDADES ELÉCTRICAS DE ANTAÑO EXHUMADAS HOGAÑO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Pintora de origen polaco (27 agosto 1922-ciudad de México, 25 de noviembre de 2008). En ruta itinerante, primero por Paris, luego pasa a nuestro país en 1938, donde permanece hasta su muerte. Impregnada de ideas anti-nazis y anti-facistas, suficientes elementos que nutrieron su estilo, fue colaboradora de David Alfaro Siqueiros en la extraordinaria obra de este que, desde 1940 “ilumina” el cubo de las escaleras de nuestro Sindicato Mexicano de Electricistas, en Antonio Caso N° 45. Fue alumna en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda” bajo la égida de José Chávez Morado, Feliciano Peña y Frida Kahlo.
   En efecto, habiendo un sólido grupo de muralistas, todos ellos hombres, a Fanny se le consideró como la primer mujer en sumarse a tamaño compromiso del mismo y poderoso alcance que podrían tener aquellas enormes obras murales, habiendo ayudado a Diego Rivera mientras este realizaba tal labor en Palacio Nacional. Vinculada a los mensajes sociales, dejó evidencia en diversos espacios públicos e institucionales.
   Se integró al Taller de Gráfica Popular, que lideraba Leopoldo Méndez pero sin seguir la línea establecida por aquel frente de artistas, al punto de que lo suyo era una expresión eminentemente personal donde fueron evidentes una serie de imágenes sobre la condición extrema que enfrentaban los sectores marginales de nuestra sociedad. Entre muchos de esos ejemplos, la Cámara Nacional de Electricidad, hizo suyo para otro de sus mensajes, el dibujo que ahora podemos observar:


 La composición aquí mostrada, posee tales dimensiones de su condición artística, misma que rondó entre el surrealismo y el neoexpresionismo. En primer plano, esa niña descalza cuyas manos parecen acentuar una preocupación venida de la desgracia, infancia ajena a la desgracia que parece quedar integrada en esa pasividad de la madre, sentada en cuclillas, indolente, doliente también, y donde la columna del que parece ser el brote de un arco, de los muchos que adornan las plazas públicas, se convierte en el soporte de aquel lamentable estado de cosas que enfrentan, mientras en el segundo plano, la iglesia, como símbolo de unidad y consuelo, se extiende en sólida fortaleza que abriga al resto de los integrantes de un pueblo que se dejan llevar por las razones de lo que significa convivir en un mercado, realizando en ese amplia y abierto espacio sus cotidianas actividades, mientras parece escucharse el múltiple rumor de voces, gritos y demás vaivenes de la colorida razón de una muestra popular en ese blanco y negro que se convierten en el duro efecto que niega toda posibilidad de convertir un trabajo en la pieza que, en sus colores más vivos, se habría tornado escena profundamente folklórica, habiendo por ello perdido sus propósitos de discurso o mensaje estético.


Revista LyF, año V, N° 47, julio 1° de 1958 (contraportada).

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