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viernes, 28 de noviembre de 2014

EL SME FRENTE A LA EXTINCIÓN DE LyFC...

PONENCIAS, CONFERENCIAS y DISERTACIONES.

II COLOQUIO DE MOVIMIENTOS SOCIALES EN LA HISTORIA DE MÉXICO.

EL SINDICATO MEXICANO DE ELECTRICISTAS FRENTE A LA EXTINCIÓN DE LUZ y FUERZA DEL CENTRO: SÍNTOMAS DE UN DESENLACE ANUNCIADO.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Recientemente tuve la oportunidad de presentar el tema que aquí se abordará, gracias al hecho de la convocatoria emitida por el Instituto Nacional de Antropología e Historia para participar en el “II Coloquio de Movimientos Sociales en la Historia de México”. Agradezco al comité que tuvo a bien aceptar tal propuesta y espero que al compartirla aquí y ahora resulte de interés para muchos lectores que siguen día con día este blog.

   Han transcurrido cinco años de la extinción de Luz y Fuerza del Centro (LyFC por sus siglas). Antes de ocurrir semejante situación, muchas voces advertían o señalaban el desenlace, dentro y fuera de la institución. Los múltiples cargos para integrar el que fue juicio sumario iban desde lo improductivo de la empresa, a lo irresponsable de su personal. De lo costoso que su presencia seguía representando para el estado o la sobregirada plantilla de empleados. El hecho es que un importante peso de la opinión pública vio con buenos ojos aquella decisión presidencial, y desde luego la prensa no desaprovechó el caso por lo que durante un largo periodo de tiempo, el efecto de la caja de resonancia seguía destacando aquel asunto a veces parcial o imparcialmente, pero también con notoria y dura crítica, con la que parecía desahogaban sus venganzas pendientes por el mal servicio de una empresa que acabó sus días con 106 años de existencia.
   Por lo menos, desde 1975, la amenaza de desaparición fue una constante. Se intensificó 10 años después con el convenio de Delimitación de zonas del 14 de mayo de 1985 firmado por el Sindicato único de trabajadores electricistas de la república mexicana (SUTERM por sus siglas) y el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME por sus siglas), con la concurrencia de la Comisión Federal de Electricidad (CFE por sus siglas) y la entonces Compañía de Luz y Fuerza del Centro, S.A. y Asociadas (en liquidación) (CLyFC por sus siglas), convenio que tuvo como objeto delimitar un polígono denominado “zona” que correspondería como lugar de trabajo a los miembros del SME, lo anterior para evitar diversos conflictos intergremiales, pero donde al pasar diversos centros de trabajo ubicados en Michoacán y Guerrero a la administración de CFE, la influencia de la CLyFC se redujo en más del 50% de su extensión original.
   Con aquel amargo episodio, el SME vivía una descomposición más.
   El 8 de febrero de 1994 se expide decreto mediante el cual se creó Luz y Fuerza del Centro como organismo público descentralizado, momento en el cual, durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, el estado garantiza sanas finanzas a una empresa que venía reportándose en números rojos.
   Estos podrían ser algunos elementos que posiblemente intervinieron en la extinción aludida. Veamos a continuación otras tantas causas que se sumaron a aquella terrible medida.

   Fernand Braudel, historiador francés que impulsó una escuela historiográfica conocida como de “Los Anales”, dejó en su obra El otoño de la edad media claramente indicadas una serie de recomendaciones marcadas bajo el signo de hechos ocurridos en la corta, mediana y larga duración. El hecho que hoy nos convoca cae en el primer segmento, aunque para los periodistas, debe recordarse que mientras más fresco sea el acontecimiento, tiende ser más periodístico, ya que de alguna manera esto influye en el grado de beneficio que para la sociedad pueda llegar a tener; y es que, algo que sucedió hace semanas quizá pueda no contar con el provecho suficiente del análisis. Como bien dice una sentencia muy popular en el medio periodístico “lo que sucedió ayer, ya no es noticia”, o aquella de “no hay cosa más vieja que un periódico de ayer”, salvo que estemos hablando de revelaciones actuales de un acontecimiento antiguo.
   Ese es precisamente el motivo que nos enfrenta al dilema sobre lo que ocurrió hace un lustro cabal. ¿En qué medida ya es tiempo para hablar con reposo, capacidad, suficiencia y equilibrio de análisis sobre la extinción de Luz y Fuerza del Centro?
   Ojalá que el siguiente ejercicio sirva para estabilizar las inquietudes y poner en marcha nuestro anhelo por desvelar tanto misterio en torno de este “electrizante” tema.
   Han transcurrido cinco años de un hecho en el que solo se percibe una dura realidad: Injusticia. Como recordarán, la noche del 10 de octubre de 2009, y al calor de un partido de futbol, se empataba en la transmisión un corte institucional, donde el mensaje del presidente de la república –Felipe Calderón, de gris y triste recuerdo-, anunciaba en actitud que hoy sigue pareciendo la declaración arrogante de un juicio sumario, que Luz y Fuerza del Centro (LyFC en adelante), y a partir de ese momento, dejaba de existir.
   Desde entonces la condición por la cual el patrón había sido declarado muerto en esos precisos instantes, puso en alerta máxima a 20 mil jubilados (a quienes posteriormente se solucionó relativamente su situación respecto a supervivencia y pensiones) así como a 44,514 trabajadores activos pues ello significaba, por lo menos para estos últimos la pérdida de empleo. En el paquete ofrecido y preparado previamente por el gobierno, venía incluida la propuesta de liquidación (aunque no tuvieron intención de ofrecer reinserción laboral, ni patrón sustituto en forma concreta porque tengo la sospecha de que no supieron medir la dimensión del problema, pero tampoco el de la correcta, oportuna y hasta política solución), liquidación por la que optamos muchos (para 2010, simplemente se liquidaron 27,406 sindicalizados y 784 de confianza), en tanto que 15,603 decidieron lo que hoy ya es conocido como el movimiento de “resistencia”.
   Desde entonces, ha sido muy dura la batalla para unos y otros en términos de la reinserción laboral. Llegar a un área de bolsa de trabajo y hacerse notorio nuestro antecedente como empleados de LyFC significaba y sigue significando enfrentar el estigma de haber pertenecido a una empresa que, hasta ese 10 de octubre de 2009 alcanzaba 106 años de existencia, 95 de los cuales fue en pleno maridaje con el SME.
   En ese sentido es bueno recordar que la reinserción laboral de los 15603 trabajadores del SME que no se han liquidado es inevitable, visto desde el ángulo de la liquidación y extinción de LyFC. Resulta que durante casi cinco años el proceso de liquidación de la propiedad de Luz y Fuerza (plantas de generación, subestaciones, líneas de transmisión y redes de distribución) no avanzó absolutamente nada. Primero, porque hasta agosto de 2014 el Servicio de Administración y Enajenación de Bienes (SAEB, por sus siglas) estaba impedido de vender bienes nacionales conforme al anterior párrafo sexto del artículo 27 constitucional, y después de esa fecha porque antes, o a la par, de vender estos bienes se requiere resolver el tema del llamado pasivo laboral.
   El llamado pasivo laboral fue el mecanismo financiero que el gobierno utilizó para colocar en posición de quiebra técnica a LyFC, recién creada en 1994. Ese año dicho pasivo laboral ascendió a mil 249 millones de pesos, pero para diciembre de 1995 había crecido a 5 mil 468 millones, para 2000 ascendió a 30 mil 721 millones, en diciembre de 2005 fue de 68 mil 660 millones y para diciembre de 2008 se incrementó a 102 mil millones de pesos. Y según se lee en el Diario Oficial de la Federación, para octubre de 2009 fue de 2409 mil millones de pesos, de los cuales 160 mil millones, correspondían a jubilados y 80 mil millones a trabajadores. La última cifra conocida proviene de la Secretaría de Energía, en su libro blanco sobre la extinción de LyFC, de octubre de 2012 que reconoce un pasivo laboral de más de 286 mil millones de pesos en obligaciones laborales para el pago de jubilaciones, compensación por antigüedad y seguro sindical.
   Por supuesto, el incremento desorbitado del pasivo laboral no tuvo nada que ver con el crecimiento real del número de jubilados del SME, y lo peor fue que este pasivo laboral, resultado de estudios actuariales inflados, se mezcló con costos reales de explotación. De tal manera que desde diciembre de 1995 LyFC fue colocada en quiebra técnica, otra de esas amenazas con que entonces cargaba la empresa para su desaparición en cualquier momento. Sin embargo, ahora el pasivo laboral ideado para crear condiciones privatizadoras constituye un obstáculo para concluir la extinción/liquidación de LyFC, pues para disponer de sus bienes (venderlos al capital privado o entregarlos a CFE y legalizar su operación) el gobierno requiere cumplir sus obligaciones laborales, lo cual implica negociar con el SME las condiciones de reinserción laboral de los trabajadores que no se han liquidado, así como el tiempo de servicios acumulado por cada trabajador.
   Lo anterior, y antes de continuar me remite a la información que fue dada a conocer el pasado 30 de octubre, en el sentido de que tanto CFE como Petróleos Mexicanos. “rebasan los $3 billones de pesos en adeudos” lo cual es equivalente a 17.8% del producto interno bruto. Así que algo no está funcionando bien, incluso antes de que operen en su totalidad la reforma energética y sus leyes secundarias. Y esto es claro, tomando en cuenta de que hasta octubre mismo, crecieron en más de 67 mil 682 millones tales pasivos, es decir sólo un 7.1% en los últimos nueve meses. Finalmente, toda esta serie de datos duros se explica como sigue: En el caso de los pasivos totales de la CFE, resulta relevante que el nivel alcanzado al tercer trimestre de este año representa ya 87.7 por ciento del valor de sus activos totales. Eso significa que por cada peso que tiene la empresa en propiedades, equipos, instalaciones, inmuebles y otros activos, adeuda más de 87 centavos.
   Luego de aquel episodio que desde entonces lo consideré como la “noche triste” para los electricistas, vino una campaña de desprestigio contra LyFC, el SME y sus afiliados. Se dijo de todo, nos acusaron de todo. En esto hubo razón y no, pero quien actuó en forma desmedida no solo fue el aparato del estado, sino uno de sus principales aliados: el bloque mediático, cuya acción frontal, no de todos pues como siempre hay excepciones, terminó haciendo polvo lo que ya había sido derrumbado.
   En medio de aquella pulverización, la de una comunidad y su infraestructura, poco a poco nos fuimos levantando y recuperando de aquel artero ataque para entender lo que realmente había pasado. ¿Qué pasó? Nos preguntábamos en medio de una penumbra terrible que significaba vernos frente a la realidad del desempleo.
   Del mismo modo, sabíamos que la infraestructura toda, por lo menos la estratégica, quedaba bajo la custodia de la CFE, en tanto que el resto debería resolver su circunstancia por tratarse en su mayoría de arrendamientos. Muchas plantas, dejaron de funcionar, otras fueron desmontadas, incluso bajo protesta de propios trabajadores que las custodiaron. Pero hoy, el peligro latente de desmantelamiento nos ha llevado, a un pequeñísimo sector de interesados a buscar formas y procedimientos para protegerlos como sitios emblemáticos de la arqueología industrial.
   Habiéndonos preparado durante años en una especialidad como el área eléctrica misma, nos veíamos y nos seguimos viendo como expertos en ese particular y riesgoso conocimiento. Como limitante, se sumaba al estigma ya mencionado, el factor edad, pero sobre todo frente a una de las más crudas realidades de un país en el que sigue siendo notorio el índice a la baja en términos de empleo y se ponen en vigor una serie de esquemas que, planteados con una terminología supuestamente amigable pero especulativa, todos ellos no son sino la viva representación de la esclavitud moderna.
   Ya lo decía Arturo Alcalde Justiniani:

Golpear a los trabajadores reduciendo sus condiciones laborales, ampliando sus jornadas, domesticando a sus sindicatos y agilizando el despido barato, se ha convertido en deporte nacional. Pese a lo lamentable, esta vorágine depredadora no encuentra mínimos contrapesos, el sindicalismo está en su peor momento, la justicia laboral impartida es una simulación y los gobiernos, salvo excepciones, no tienen voluntad política para defender a la gente y optan por ocultar los problemas o hacer causa común con las empresas que cada día aprietan más duro a los trabajadores. Ello explica nuestra miseria salarial y por qué en las comparaciones internacionales ocupamos los peores lugares en todos los renglones laborales, salvo en el de la corrupción en el mundo del trabajo y el de los altísimos salarios de funcionarios públicos o ejecutivos empresariales, temas en los que desafortunadamente ocupamos los primeros sitios. (La Jornada, 20 de septiembre de 2014. Opinión “No más falsos honorarios ni subcontratados”, p. 20.

Para quien quiera, allí están figuras tales como la subcontratación u outsourcing, a la que solo les falta regularización de todos sus empleados, incluidos los de honorarios, subcontratados y falsos temporales, con el fin de otorgarles estabilidad y seguridad social.
   En reciente declaración del abogado Néstor de Buen, este apuntaba que la situación actual del país y de los trabajadores está “de la fregada”. Y agrega:
   “Este es un tema pavoroso. Desde los años de Fidel Velázquez (quien dirigió la Confederación de Trabajadores de México, organización del PRI, durante 40 años hasta su muerte en 1997) se estableció un sindicalismo corrupto, totalmente al servicio de la empresa y del Estado. Cada vez ha ido a peor, porque mi querido amigo Joaquín Gamboa Pascoe (el actual dirigente de la CTM) no ha cambiado en absoluto la situación”.
   En México, dice De Buen, “hace 30 años, los sindicatos representan mayoritariamente intereses personales, no sociales. Los dirigentes quieren un puesto político”. (La Jornada, 3 de octubre de 2014, Economía, p. 29).
   Para todos y cada uno de quienes estábamos en condiciones de seguir trabajando nos preocupaba profundamente el hecho de una justa reconquista del trabajo, el reconocimiento de la antigüedad en el mismo ámbito, factor indispensable para jubilaciones, indemnizaciones y recuperación de los servicios del IMSS, todo lo cual se convirtió en un aspecto que pende de lo más delgado del hilo.
   Hace no muchas semanas se consumaba un largo anhelo por parte no solo del presidente en turno, de la legislatura que aprobó, sino también de todo un sector económicamente poderoso del empresariado para gozar los privilegios de la Reforma energética y sus leyes secundarias. Para que no sucediera nada que incomodara sus propósitos, tuvieron que preparar el asunto y entre los anticipos estuvo quitarse de en medio a LyFC y al SME, cuya beligerante actitud habría sido de llamar la atención, como no fue el caso de CFE y sus trabajadores, que junto a un sindicato que hoy lidera el extravagante Víctor Fuentes del Villar, guardaron un silencio cómplice terrible. Pero no solo fue eso. Cuando hubo necesidad de asumir la responsabilidad de una múltiple y compleja red de nuevos desempeños laborales, la CFE misma no pudo responder, se vio rebasada y aplicó, como hasta ahora la subcontratación. Como todos pudimos comprobar, en la denuncia del patrón sustituto que nunca aplicó, ahora que vemos el mismo síntoma de amenaza para con la CFE, es cuando uno dice: “de la que nos salvamos”.
   Pues bien, esta amarga lección nos ha llevado a entender muchas cosas. Un sindicato que acumuló más errores que aciertos, que los tuvo, efectivamente; de ahí que fueran posibles infinidad de las denominadas “conquistas sindicales”. Pero su más importante descomposición se dio en tiempos recientes, donde el ensoberbecimiento y la arrogancia lo perdieron. He ahí un buen punto de análisis para entender hasta dónde llegaron las consecuencias de una unidad que nunca se dio, unidad que fue una frase, un deseo constante y que solo se quedó en buenos propósitos. Es decir, nos encontrábamos cobijados por un sindicato atípico, poderoso y combativo pero compuesto hoy por jubilados y trabajadores sin empleo y sin fuente de trabajo, o sea, un instrumento más político que sindical.
   Y como hemos ido comprobando, a raíz de que la Reforma Energética fue aprobada (justo el 11 de agosto del año en curso), se dieron las condiciones para que tanto la CFE como Petróleos Mexicanos fueran sujetos de convertirse en dos importantes pilares de la economía nacional. Con el paso de los días ya se sabía que la iniciativa privada tendría “manos libres” para seguir desplazando, en este caso a la CFE misma, justo cuando ese segmento empresarial producía el 60% de la energía en el país. Los políticos, por su cuenta, dijeron que “En dos años la población recibirá los beneficios de la reforma, dice la CFE”, tal y como lo declaró el 7 de agosto Enrique Ochoa Reza, director de la CFE, punto que rectificó Pedro Joaquín Codwell días más tarde al afirmar que no sería sino hasta 2016 cuando ocurra ese propósito. Para quien tiene los pies en la tierra, esas afirmaciones son del todo dudosas, sobre todo cuando de la misma empresa surgió, desde 2009 y hasta nuestros días todo un muestrario de irregularidades en sus servicios, los de una empresa “de clase mundial” como la consideraron algunos despistados. Declaraciones más sensatas estiman que ese efecto podría tomar un buen número de años hasta en tanto no se estabilicen precios, tarifas, pero sobre todo una infraestructura que sigue sujeta a condiciones inestables y de servicio.
   Justo para un gobierno neopriista como el que encabeza Enrique Peña Nieto, este se habría apuntado un notable acierto en sus lineamientos políticos, siempre y cuando la casualidad los llegara hacer pensar en un nuevo capítulo de nacionalización, pero decidió apostar por las consecuencias de la “Reforma”, con lo que este sector energético y prioritario terminó abriéndose a los intereses privados, no solo nacionales. También extranjeros, de ahí que se ponga en peligro no solo el control de la infraestructura, sino el de su mano de obra, la cual corre serios riesgos de verse desplazada en tanto nuevas empresas que tomen el control de una o de otra, traigan consigo su propia plantilla de trabajadores como ya se dijo párrafos atrás. De ese modo, hasta el mes de agosto, 515 empresas notificaron estar interesadas en generar y distribuir energía.
   Entre las dolorosas realidades se encuentran aquellas en las que sigue a la alza el deterioro en el ingreso de los trabajadores, fenómeno que comenzó a desbocarse desde 1974, por lo que las remuneraciones de los asalariados mexicanos, medidas respecto del valor total de los bienes y servicios producidos en la economía, cayeron a su nivel más bajo en al menos cuatro décadas, por lo que la participación perdida por los salarios se ha trasladado a la proporción de la riqueza que corresponde a las ganancias empresariales. No es casual, por tanto, que hoy un buen número de políticos demande un incremento al salario mínimo. A ver qué raja sacan del tema.
   Para hablar del sindicalismo contemporáneo no es necesario que recurramos a antecedentes históricos a partir de 1932, por ejemplo. De 1906 a 1918 funcionó el anarco-sindicalismo; de 1918 a 1936, el caudillismo sindical. El sindicalismo contemporáneo surge con la evolución económica del país, a partir de proyectos de gran calado como el “desarrollo estabilizador” impulsado, aunque no concretado durante los sexenios de Miguel Alemán y Adolfo Ruiz Cortines. Por tanto, y en medio de estos En medio de estos comportamientos surgió un 14 de diciembre de 1914 el Sindicato Mexicano de Electricistas que pervive hasta hoy, herido de muerte, sujeto incluso a la disolución misma en caso de que persista su más profundo anhelo: que se produzca la reinserción laboral, lo que parece, con los años, cinco para ser exactos, una demanda perdida, como muchas otras que se diluyeron precisamente en condiciones y momentos donde las autoridades mismas no permitieron que la justicia hiciera su parte.
   La lucha emblemática del SME fue modelo y referente durante muchos años. Sin embargo, como toda institución orgánica, se enfrentó a diversas etapas de estancamiento y esplendor; de vicios y virtudes que tampoco hay que negárselas. Pero lo ocurrido en los más recientes años dejaba sentado el hecho de una fragmentación, de una fractura con la que quedaban perfectamente marcados los distanciamientos habidos entre las cabezas principales de su dirigencia. Tengo la impresión de que este conflicto interno quedó expuesto a la opinión pública, pero sobre todo dio elementos para que el gobierno, habiendo encontrado prácticamente abierta la puerta, logró entrar en momentos previos a la extinción misma contra LyFC.
   El SME vive varias huelgas a lo largo de casi un siglo de existir, lo que recuerda el paso de otros tantos dirigentes que dejaron un limpio legado o una oscura mancha en su trayectoria, por lo que no puede hablarse sino de un ente que quedó sujeto al destino marcado por sus trabajadores y dirigencias. Su ideología permeó en otros tantos sindicatos que pretendieron seguir sus pasos, pero sobre todo, supo defender muchísimas causas legítimas bajo el lema “por la justicia y el derecho del trabajador”. También sufrió duras derrotas, como la que se dio con el Convenio de Delimitación de Zonas, con fecha 14 de mayo de 1985, y donde perdió puntos de influencia y control. Del mismo modo, en 1987 al irse a la huelga, esta fue declarada como inexistente, lo cual representó un parteaguas en su camino. Por tanto, esto significaba replantearse su propio destino.
   Un punto delicado, luego de todos los acontecimientos que han cimbrado a este país desde hace casi dos meses es Ayotzinapa. Como vemos, el doloroso ejemplo de Ayotzinapa no fue suficiente razón para el gobierno, pues apenas pasada la dura prueba de la reunión de los padres o familiares que sostuvieron con el presidente de la república hace unos días, reunión cuya duración se fue más allá de las cinco horas, y donde los resultados fueron entre otros, la firma de una minuta de compromisos, apenas pasó el tiempo suficiente para que el gobierno “cerrara el trato” con respecto a la aprobación definitiva de la publicación de los 24 reglamentos y ordenamientos de las leyes secundarias de la reforma energética, con lo que ya existen todas las condiciones para la libre competencia de empresas –tanto privadas como del estado-. En medio de esa insensibilidad que no vieron, que no apreciaron, en aras de los duros dictados que impone el modelo neoliberal, se abre la opción de un futuro incierto pues ello parece indicar que la futura clase trabajadora tendrá una difícil opción de colocarse dignamente en medio de una oferta en la que todas aquellas empresas trasnacionales que se instalen en nuestro país, traerán por lo menos a su propia plantilla (como ya se dijo anteriormente), lo que podría impedir que las esperanzas de tantos y tantos mexicanos se concrete para asegurarles a cada uno de ellos un futuro prometedor.
   La muy inoportuna declaración de Luis Videgaray, en el sentido de que “los acontecimientos de Guerrero si bien cambió ante el mundo, ello no implica que las inversiones en México no se vean afectadas”. Tardías palabras luego de que en el resto del mundo esa imagen nos produce pena ajena y los políticos no encuentran un término medio para “tapar el ojo al macho” y salir airosamente en situaciones tan incómodas como estas, que han puesto al país al borde del colapso. Más adelante comentó que “El Estado mexicano está gastando considerablemente más en las fuerzas armadas y de seguridad, pero también en la impartición de justicia”, y ya vemos los resultados no son los que esperamos los mexicanos. Es cuestionable por ejemplo el peligroso corte presupuestal que ha sufrido una vez más la cultura, pues 4 mil millones de pesos menos para ser ejercidos en 2015 significan un gravísimo retroceso así como permitir con todo ello que sin el estímulo hacia la cultura, muchas generaciones de estudiantes queden todavía más limitadas en términos del conocimiento que hoy tanto se necesita para garantizar que el país avanzará hacia ese estado deseable de estabilización y mejoría.
   Como ciudadano digo: la actuación de la clase política de nuestros días deja mucho que desear, de ahí que la sociedad, en la que estamos inmersos todos los mexicanos, reclamamos mejores respuestas, actitudes, desempeños de quienes formados bajo la teoría neoliberal, se nieguen a entender que en el México que se niegan a ver, hay un permanente enojo y desencanto. Su “México”, el “México” que ellos ven, es un “México” de ficción, un “México” falso, en el que no pasa nada y todo es felicidad y armonía. Tienen que entender que México, así, como está escrito, como es en la realidad, es otra cosa. Ojalá lo entiendan algún día…

La jornada, Orbe, del 11 a 24 de octubre de 2014, p. 5.

   Y agrego otro punto, antes de terminar: Apenas este lunes 10 de noviembre, La Jornada publicaba las declaraciones de Genaro Aguilar Gutiérrez, investigador de la Escuela Superior de Economía del Instituto Politécnico Nacional (IPN, por sus siglas), el cual apunta que uno de cada 10 mexicanos, cerca de 15 millones, vive con 1.25 dólares al día, es decir, unos 17 pesos, de acuerdo con la línea de pobreza más conservadora del Banco Mundial. Y sigue el investigador: Si en México se hubiera conservado el poder adquisitivo de los trabajadores, hoy el salario mínimo debería ser de 5 mil 683 pesos con 39 centavos al mes. Considera que el salario mínimo hoy debiera ser superior a los 6 mil pesos mensuales y que aquellos trabajadores que deberían obtener entre 12 mil y 18 mil pesos al mes, lo cual significaría apenas un ligero aumento del poder de compra que se tenía en México en 1980.
   Creo que con estos beneficios, estaremos en condiciones de comprar casas como la de Sierra Gorda N° 150, en las Lomas de Chapultepec cuyo precio puede alcanzar los 94.5 millones de pesos… vamos, una bicoca.
   Termino subrayando un punto en el que, al involucrarme no pretendo hacer protagonismo. En todo caso se trata de reafirmar aquello que tiene que ver con ese afán de salvamento, intención dirigida hacia sus patrimonios culturales. Mi paso y responsabilidad al frente del Archivo Histórico en LyFC me llevaron a alzar la voz. Por tanto, habiendo escuchado este grito, las autoridades correspondientes tomaron cartas en el asunto y ya puedo confirmar que lo reunido en aquella área, apenas la punta del iceberg respecto al rico historial de la empresa, hoy día se encuentra bajo custodia del Archivo General de la Nación (AGN, por sus siglas), lo mismo que la biblioteca del organismo, de la que se ha hecho responsable el Museo Tecnológico de la CFE, en espera de que sepan conservar y aprovechar y conservar su valioso acervo. De igual forma, espero que haya corrido la misma suerte la reunión de diversos objetos, de pequeño, mediano y gran formato con los que estábamos integrando un proyecto de museo. En cuanto al fondo cinematográfico, este pudo llegar a la Universidad Nacional en un momento apropiado: 2006 y desde entonces lo custodia la Dirección de Estudios Cinematográficos de la UNAM. Ojala que todas esas condiciones priven en el caso del patrimonio cultural del SME, el cual actualmente se encuentra a la deriva, padeciendo todo tipo de tribulaciones, por lo que tan triste situación me han llevado a localizar cuanto material sea posible, con objeto de digitalizarlo, de ahí que les anuncie por ejemplo, que LUX: La revista de los trabajadores, medio de publicación del SME se encuentra rescatada en gran medida gracias a esa labor que ya ha tomado varios años de recuperación. Asimismo, y este es un buen momento para decirlo y compartirlo, pertenezco al Comité para la Defensa del Patrimonio Cultural, tecnológico e industrial del sector eléctrico, A.C. (CODEPACUTI.S.E., A.C. por sus siglas), organización  que, desde 2012 ha emprendido diversas tareas, tales como llamar la atención a diversas instancias, nacionales e internacionales para encontrar elementos suficientes y con ello generar las declaratorias pertinentes sobre patrimonio industrial, así como recuperar en forma física otras tantas instalaciones. Su actuación se ha extendido a congresos internacionales, prepara diversas publicaciones y desea posicionarse a plenitud en un territorio de difícil pero no imposible acceso: incursionar en todo aquello que tenga que ver con el patrimonio cultural, tecnológico e industrial del sector eléctrico, que está llamado a ser atendido fundamentalmente por especialistas y académicos.
   Necaxa es nuestro primer objetivo y esperamos concretarlo. Ahora mismo, y aquí concluyo, debo compartirles que están muy adelantadas las gestiones tanto con el Instituto Nacional de Antropología e Historia como con el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, buscando encontrar en una y otra instancia el respaldo institucional para incluir esta planta emblemática en otro elemento más de sus catálogos de conservación, garantizando así su pervivencia.

Muchas gracias.

Ciudad de México, 25 de noviembre de 2014.

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