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domingo, 8 de noviembre de 2015

Y PEARSON DIJO: HÁGASE LA LUZ EN CATALUÑA.

LUZ y FUERZA DE LA MEMORIA HISTÓRICA y SUS AUTORES INVITADOS.

SELECCIÓN DE: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   Siempre que sale a la “luz” el nombre de Frederick Stark Pearson, quienes nos sentimos electricistas, entendemos que este ingeniero norteamericano representó la contundente presencia de un personaje clave en los orígenes de la Compañía Mexicana de Luz y Fuerza Motriz, S.A. Su impronta no solo quedó plasmada en nuestro país. También dejó una reconocida trayectoria en los propios Estados Unidos, Brasil y Cataluña, por lo que de este último sitio, se recoge en esta ocasión un interesante texto de Emilio Fernández Maldonado, General de Bridada de Infantería, DEM en la propia ciudad catalana y quien publicó la presente colaboración en agosto de 2007. Por tal motivo, me parece de vital importancia incluir en esta sección de invitados especiales al Sr. Fernández Maldonado y sus impresiones al respecto de Pearson.

Y Pearson dijo: hágase la luz en Cataluña.

   Dentro de nada, en un suspiro en el frenético caminar de la historia contemporánea, se conmemorará la llegada de una luz nueva a Cataluña de la mano de un americano visionario que, al primer golpe de vista, vislumbró un futuro esplendoroso que enseguida puso en marcha con un entusiasmo tal que, después de casi cien años, aún resuena entre los acontecimientos más decisivos de la época.


   A veces, la historia es fácil de contar porque en su momento los hechos que se produjeron también lo fueron. Y eso es lo que ocurrió a principios del pasado siglo XX cuando el matrimonio virtual entre un americano providencial y un catalán generoso y abnegado, puso en marcha una de las iniciativas más fundamentales en el devenir industrial de Cataluña y una parte importante del resto de España pero, fundamentalmente, en el Principado, desde las orgullosas montañas leridanas hasta las tibias aguas de la costa mediterránea.
   Pero la historia comenzó mucho antes. Comenzó cuando Frederick Stark Pearson, futuro ingeniero y financiero, nació un 3 de julio de 1861 en Lowell, Estado de Massassuchets (Estados Unidos) hijo de Hannah y Ambrose, del que tempranamente quedó huérfano debiéndose enfrentar a la vida, como muchos otros jóvenes en su época, con precariedad de medios, afectos y consejos de su progenitor en un mundo difícil que comenzaba a rodar por la senda de una voraz industrialización.
   Gracias a los esfuerzos de su madre consiguió trabajo en la compañía de ferrocarriles en la que su padre había sido destacado ingeniero, la Boston and Lowell Railroad, ejerciendo desde el comienzo el importante cargo de jefe de estación de Medford Hillside. De esta forma pudo ayudar a que su familia, madre y tres hermanos más pequeños, enfocasen su existencia medianamente situados. Corría el año 1878.
   Pero Fred pronto comenzó a demostrar sus anhelos de triunfar en la vida por otros derroteros más amplios y, compaginando su trabajo con los estudios en la cercana Universidad de Tufts, se graduó en Ingeniería Química, Eléctrica y Minera en 1883, obteniendo el siguiente año un master que le permitió conseguir una plaza de profesor auxiliar de química en el Instituto de Tecnología de Cambridge (Massassuchets).
   Pero el carácter inquieto de Pearson le impulsaba a nuevos retos y dos años después, en 1886, puso rumbo al sur donde desarrolló una intensa actividad en Tejas y Méjico, con la excusa de la búsqueda de metales preciosos, y después en Brasil, con experiencias en los campos petrolífero e hidroeléctrico, donde consiguió éxitos que más tarde pondría en práctica precisamente en Cataluña.
   Regresó a Estados Unidos, concretamente a Boston, fundando diversas compañías que le permitieron adquirir fama de eficaz financiero, como la West and Street Railway que tenía el monopolio de la red urbana de transporte de la ciudad, una red aún en manos de la tracción animal en sus desvencijados e incómodos tranvías que Pearson pronto mecanizó con notable éxito.


   Mientras tanto había contraído matrimonio con Mabel Ward, también nacida en Lowell, el día 7 de enero 1887. Posteriormente tuvieron dos hijos y una hija.
   Su carrera continuó, trabajando como asesor en las empresas Dominion Coal Company, Brooklyn Heights Railway Company, Electrical Development Company, Light Eléctrica Company de Sommerville y Makefield Light Company, colaborando en la fundación de las dos últimas.
   En 1894 desarrolló un novedoso sistema eléctrico en Boston y ese mismo año se convirtió en ingeniero jefe de los ferrocarriles metropolitanos de la ciudad de Nueva York.
   Pero no adelantemos acontecimientos. Nos encontramos en 1893 y Pearson se encuentra desarrollando la ingente tarea de electrificar las más importantes ciudades americanas y canadienses, como fue el caso de Toronto.
   Volvió a Nueva York, como decíamos, con el cargo de ingeniero jefe de la red urbana de transporte, la Metropolitan Street Railway Company, pero en 1894 la empresa le trasladó a Europa para adquirir experiencia en el tendido de cables eléctricos subterráneos como fuerza motriz de los tranvías americanos.
   En 1898, muy fatigado y con algunos problemas de salud, se desplazó a Europa nuevamente, concretamente a Suiza y norte de Italia donde, además de seguir algunos tratamientos médicos, se dedicó a estudiar con gran atención el sistema eléctrico de esos países, pioneros en las nuevas técnicas de ahorro energético. La experiencia fue definitiva pues encontró su verdadera vocación: la construcción y explotación de grandes centrales hidroeléctricas.
   Estamos a comienzos del nuevo siglo y Pearson continuó su tarea profesional con nuevos bríos. En 1901, fundó la Mexican Ligth and Power Company y la Brazilian Ligth and Power Company, y abordó la construcción de una monumental presa y su consiguiente central hidroeléctrica que conseguía producir la energía necesaria para que, a través de una novedosa red de distribución, llevar la luz a más de 150 km de distancia, hecho que puede considerarse todo un récord en la época.
   Dos años después realizó importantes infraestructuras de similar calibre y entidad en las dos principales ciudades de Brasil, São Paulo y Río de Janeiro, y en 1907 otra en Nueva York a cargo de la Electrical Development Company.
   El año 1911 es singularmente importante en nuestra historia pues marcó el comienzo de su actividad en España, concretamente en Barcelona, donde participó en su electrificación impulsando un estudio sobre las posibilidades de la cuenca del Ebro en su vertiente pirenaica (Noguera Pallaresa y Segre) de cara a la producción de energía eléctrica. Ese mismo año promovió la creación de dos grandes empresas multinacionales: la Company Power and Light Traction, creada el 12 de septiembre en Toronto (Canadá), de ahí el nombre por el que era conocido de La Canadiense o La Canadenca, en catalán, y la Ebro Irrigation and Power Company Limited (Riegos y Fuerza del Ebro), en Barcelona, el 14 de diciembre del mismo año.
   Y no suficientemente satisfecho con su específica actividad industrial aún tuvo tiempo para proponer una original ordenación urbanística de Barcelona en tres grandes zonas: comercial y de servicios, residencial e industrial.
   Pero, volvamos atrás. Pearson llegó a Barcelona procedente de Londres, con escala en Madrid, en el mes de junio de 1911, para entrevistarse sobre el propio terreno con su buen amigo Carlos Montañés, un ingeniero catalán con el que había establecido unas excepcionales relaciones humanas y profesionales y que, poco antes, en la capital londinense, le había contado la vida y milagros de una Barcelona con 600.000 habitantes, una pujante industria y unas posibilidades de expansión que ya se aventuraban desde comienzos del siglo y que solo esperaba el impulso decidido de un cambio de mentalidad que concretase los sueños en proyectos plausibles de la mano del progreso energético. En aquella altura, la mayoría de centros de producción de las áreas del Barcelonés y del Vallés utilizaban como fuerza motriz el vapor generado por el consumo desenfrenado del carbón. Si se conseguía sustituir esta energía cara y contaminante en exceso por la más barata y limpia de las centrales hidroeléctricas Cataluña se pondría a la cabeza del progreso industrial no solo de España sino también de Europa.
   Pearson, hombre de decidido carácter y de difícil trato por su inagotable energía a la hora de llevar sus asuntos, salió entusiasmado de la capital del Principado, con las ideas muy claras de que el futuro de Barcelona estaba en su electrificación y que ésta debía buscarse no muy lejos, en el Pirineo leridano, a base de grandes presas y saltos de agua como aquellos que había construido en su periplo sudamericano.
   No dejó respirar a su buen amigo Montañés quien, antes de su partida, recibió toda clase de oportunas y meridianas órdenes para ponerse a trabajar en un proyecto que Pearson tenía ya completamente diseñado en su cabeza.
   Después de decidir que la mejor zona para llevar a cabo su idea era la Conca de Tremp y de arreglar ciertos problemas con la adquisición de los derechos sobre las aguas del río Noguera Pallaresa, Pearson decidió, como ya vimos, la creación de dos empresas.
   La primera vio la luz legal con un capital social de 45 millones de dólares y una finalidad empresarial muy clara: explotar hidroeléctricamente la zona del Pirineo leridano con objeto de electrificar Cataluña y territorios limítrofes.
   Esta empresa, denominada Barcelona Traction Ligth and Power Company Limited, era en realidad un conjunto formado por unas compañías ya existentes, relacionadas con la explotación de energía eléctrica, a las que se agregaron otras nuevas, como lo fue la que a nosotros más nos interesa, la Ebro Irrigation and Power Company Limited que se legalizó en Barcelona, como decíamos, con un capital de 2 millones de dólares.
   Esta empresa, conocida entre nosotros por “Riegos y Fuerza del Ebro” fue la que llevó el peso de las obras que se realizaron en Cataluña y que abarcaron aspectos complementarios del que a simple vista parecía ser su único fin: la producción de energía eléctrica. En realidad, las cosas fueron cambiando a medida que se desarrollaba le proyecto, sobre todo teniendo en cuenta que el asentamiento de la idea en la comarca elegida, el Pallars Jussà, no fue fácil y hubo que ir adaptando nuevas expectativas para crear un clima favorable. De esa forma, fueron apareciendo proyectos nuevos como la participación en el viejo y malhadado del ferrocarril de Lérida a Francia por el Noguera, mediante tracción eléctrica esta vez, el apoyo al desarrollo de la zona mediante el aprovechamiento intensivo del agua por una tupida y moderna red de riego y el impulso necesario para favorecer un posible asentamiento futuro de nuevas industrias.
   El tema del ferrocarril tuvo que aparcarse pronto pues nunca hubo una voluntad política de construirlo a pesar de los esfuerzos realizados por la comarca desde hacía muchos años. De hecho solo llegó a Tremp el año 1950.


   En relación con el desarrollo económico de la zona a través del riego se aprobaron proyectos de construcción de tres canales para regadío, dos en la margen derecha del río y uno en la izquierda. Además, dentro de la política que la Compañía tuvo que adoptar para facilitar su implantación inicial, se aprobaron concesiones de agua para la red de riego existente, así como otras para necesidades del municipio de Tremp y el abastecimiento a la población, fuerza para todas las localidades de la Conca, en total había 24 en aquella época, y energía para uso industrial y agrícola con significativos descuentos para las industrias que se establecieran en la zona comprendida entre los Terradets y La Pobla de Segur.
Asistimos al comienzo de una secuencia de actuaciones encaminadas a la construcción de una serie de presas que sembrarán el Noguera Pallaresa y el Segre de centrales y que serán la envidia de media Europa. Y todo comenzó en el mes de junio de aquel año, con la primera de las siete visitas que Pearson realizó a Tremp a lo largo de su vida.
   El proyecto original de construcción de presas y centrales eléctricas comprendía un rosario a lo largo del río Noguera Pallaresa que comenzaba en Sossís, cerca de La Pobla de Segur hasta Camarasa y otras en el cauce del Segre.
   De esta forma, por lo que al Noguera se refiere, fueron construyéndose las siguientes centrales: Sossís en 1913, Talarn en 1916, Camarasa en 1920, Gavet en 1931 y Cellers en 1935 y tres grandes embalses, el de San Antonio, el de Terradets y el de Camarasa. En la cuenca del Segre, la central de Serós en 1914 y la central y embalse de Sant Llorenç en 1930.
   La primera obra que se llevó a cabo fue la apertura de una carretera por el desfiladero de los Terradets, imprescindible para poder pasar la maquinaria necesaria de una forma rápida desde Lérida habida cuenta que el trayecto habitual discurría por Artesa de Segre. La siguiente obra fue la construcción del canal y la central hidroeléctrica de Sossís, cercana al Pont de Claverol, que sirvió de proveedora de energía eléctrica al resto del proyecto. La obra apenas duró once meses entre julio de 1912 y junio de 1913.
   En 1914 las obras se vieron paralizadas por el comienzo de la Primera Gran Guerra toda vez que los créditos fueron congelados por los bancos europeos y americanos que financiaban el proyecto. En julio del siguiente año, no obstante, se reiniciaron los trabajos y pocos meses después comenzó a almacenarse agua completándose el llenado en mayo de 1916.
   La red de saltos, presas y centrales tuvo un complemento imprescindible sin el que nada hubiera sido posible: la distribución hasta llegar a Barcelona, objetivo primordial del proyecto Pearson. A medida que aquéllas iban poniéndose en funcionamiento la red de distribución avanzaba implacable camino de Barcelona por tres ejes o “autopistas” eléctricas que enlazaban la producción con el consumo. La primera unía Serós con Camarasa (donde se añadía la línea La Pobla de Segur-Tremp) y, a través de Cervera e Igualada, llegaba a Sants, una sub-estación creada al efecto; la segunda partía también de Serós llegando a Mora y Reus para terminar también en Sants y la tercera, desde Capdella pasando por La Pobla de Segur, Manresa, Tarrasa y Sant Andreu, la otra sub-estación que se construyó en el área del Barcelonés.
   Existe una coincidencia objetiva en todos los que han historiado a la Compañía consistente en definirla como un fenómeno económico-social, verdadera adelantada en su época, pues supo ver con idea de futuro el inmenso potencial que Cataluña podía desarrollar a través de nuevas técnicas como la electrificación masiva aprovechando el caudal de sus ríos montañeros que, irremediablemente y sin reportar beneficio alguno, acababan perdiéndose en el mar.
   Si nos referimos, por ejemplo, a la Comarca del Pallars Jussà, recordamos que a principios del siglo XX se trataba de una zona alejada de los sectores productivos y prósperos del país al estar sometida a la tiranía secular de una geografía áspera y difícil que paulatinamente la iba ahogando en una economía de montaña, sin posibilidades reales de expansión y progreso. Es verdad que algunas cosas se iba arreglando con mucho esfuerzo, como las comunicaciones, que habían sufrido un impulso grande en el último cuarto de siglo anterior con la construcción de las carreteras a Tremp, La Pobla de Segur y Sort, procedentes de Artesa o el comienzo, en 1907, de la construcción del ferrocarril hacia la frontera francesa después de décadas de un impasse de carácter fundamentalmente político. Pero no fue suficiente y la actividad económica quedó reducida a la agricultura y ganadería y un comercio vecinal a base de las típicas ferias y mercados de antecedentes ancestrales pero de localizado ámbito económico.
Ni que decir tiene que las condiciones de vida, en todos los aspectos, seguían paralelas a este desarrollo socio-económico y la típica austeridad montañesa era la principal virtud en la que asentar el inmediato fututo.
   Por eso, no cabe la menor duda que el impacto de La Canadenca en la comarca no fue únicamente económico sino también social pues a través de lo primero se consiguió un desarrollo espectacular que aún nos alcanza. Sin pretender ser exhaustivos, hemos de poner sobre el tapete objetivo de la historia de Tremp y su comarca los siguientes logros: resurgimiento de la Comarca en tiempos difíciles, económica y políticamente hablando, incremento del estado de bienestar de la zona fruto de la constante ampliación de las redes de comunicaciones y marcadores de progreso como la potenciación de su electrificación, con el consiguiente beneficio en todas las actividades económicas, tanto en la agricultura como en la incipiente industria que se fue creando alrededor de las obras, aumento de las inversiones, creación de puestos de trabajo, implantación de empresas de todo tipo, aumento del comercio, el transporte, la demanda de bienes de consumo, floreciente expansión del sector habitacional, etc.


   No obstante, el impacto social, coherentemente, se tradujo también en efectos negativos que pronto sufrieron los apacibles vecinos de la comarca que pasaron a “disfrutar” de una gran calidad de vida mezclada con los rigores de un progreso mal organizado y peor digerido. Aumento de precios, crecimiento irregular y desordenado de los servicios, proliferación de establecimientos de ocio, bares y tabernas de todo tipo, casas de juego y de tipo sexual sin control alguno, trifulcas y falta de seguridad, delitos en pujante alza y, en fin, caos y discordia, falta de armonía y deterioro de los valores típicos de las poblaciones montañesas.
   La conclusión, no obstante, no puede ser negativa, ni mucho menos y por eso la valoración del impacto de La Canadenca en la comarca debe considerarse no solo positivo en términos reales, sino fundamental e imprescindible para entender el hoy del Pallars. Nada hubiera sido igual sin el Doctor Pearson y su Compañía, a pesar de los inconvenientes que a veces depara un progreso rápido y arrasador.
Pero nuestro querido personaje no pudo ver terminada ninguna de esas obras pues la muerte se interpuso dramáticamente en su camino cuando apenas contaba 54 años de edad.
Cuando estalló la Guerra y comenzaron los problemas en la recepción de los fondos necesarios para poder continuar las obras, Pearson consiguió salvar la Compañía mediante un crédito de 800.000 libras concedido por bancos ingleses en unas condiciones que aconsejaron renegociar la deuda anterior así como las garantías hipotecarias, necesitando para ello del acuerdo explícito de los accionistas y restantes grupos financieros que participaban en el proyecto. Junto a su esposa, embarcó en el puerto de Nueva York a bordo del “Lusitania” con objeto de asistir el día 11 de mayo de 1915 en Londres a la perceptiva reunión del Consejo de Dirección.
   Pero nunca llegaron porque el día 7 el barco fue hundido por un submarino alemán en aguas territoriales de Irlanda, malogrando un prodigio de talento financiero y emprendedor industrial que destacó sobremanera a caballo del siglo XX, anticipando la modernización de nuestra Comarca y su desarrollo socio-económico y cultural en muchos decenios y la de Cataluña, lanzada hacia el futuro de la mano del progreso industrial.
   Y los catalanes, generosos y agradecidos como pocos, muy pronto expresaron su reconocimiento a tan insigne patricio. En 1928 se inauguró en Barcelona un Monumento a su memoria en Padralbes. Tiene también una avenida a su nombre en el distrito de Les Corts concedida por el Ayuntamiento en Pleno del día 11 de mayo de 1915, es decir, cuatro días después de su fallecimiento y una calle en Tremp, precisamente el paseo más importante de la ciudad que, ocho días después de su desaparición, el Ayuntamiento le ofreció como muestra del eterno agradecimiento de la comarca por su benefactora actuación.

Emilio Fernández Maldonado
General de Brigada de Infantería DEM
[Agosto de 2007]
Una exclusiva para Portal ASASVE

Disponible en internet, noviembre 8 de 2015 en: http://www.asasve.es/portal/index.php?mod=article&cat=articulos&article=360, texto fechado el 15 de agosto de 2007. 

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