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sábado, 7 de noviembre de 2015

POESÍAS DE IGNACIO PÉREZ SALAZAR Y OSORIO.

LUZ… A LOS POETAS. FUERZA… A LOS POETAS.

SELECCIÓN DE: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE. 


   En la célebre colección “Biblioteca de autores mexicanos”, editada por la Tipografía de Victoriano Agüeros, se publicó en 1906 en su número 56 el libro POESÍAS de Ignacio Pérez Salazar y Osorio, Miembro de la Sociedad de Geografía y Estadística y de otras corporaciones literarias.


   Entre las páginas 325 y 327 se encuentra el poema En la implantación de la luz eléctrica, hecho que ocurrió en la ciudad de Puebla un 2 de Abril de 1888, coincidiendo por cierto con efeméride de suyo emblemática: la que recordaba al General Porfirio Díaz, triunfal soldado en la batalla del año 1867, fecha con la que se sentenció a muerte al Segundo Imperio. La madrugada de ese 2 de abril, los ejércitos de Leonardo Márquez y Porfirio Díaz se enfrentaron en las afueras de Puebla resultando triunfal aquella batalla para el oaxaqueño quien mantuvo sitiada y bajo su control la ciudad angelopolitana hasta el 21 de junio siguiente.
   De todo lo anterior, como mera coincidencia, regreso a los versos de Ignacio Pérez Salazar y Osorio, tal y como quedaron concebidos

En la implantación de la luz eléctrica.

Por el Atoyac bañada
Se alza esta ciudad hermosa,
Por sus hazañas, gloriosa,
Por sus triunfos, celebrada.

Es del viajero admirada
Por su clima y por su cielo,
Y porque ostenta en su suelo
Obras del genio feliz
Del insigne Tamariz,
Que son del arte modelo.

Más entre tanta riqueza
Como le dio la fortuna,
Tan sólo faltábale una
A completar su belleza.

Pero en esta noche empieza
Mejora tan importante;
Ya luce desde este instante
La claridad meridiana.
Ya logra decir ufana:
“En el progreso: ¡Adelante!”

Vista panorámica de Puebla. Ca. 1900. Col. del autor.

Puedes romper, ciudad mía,
De sombra el negro capuz,
Que con la eléctrica luz
La noche tórnase en día.

Mejora de tal valía
Te da atractivos mayores;
Por eso brindo, Señores,
Con la voluntad mejor,
Por su ilustre iniciador
Y por sus implantadores.

También por ti, sexo bello,
Mitad del alma querida,
Que imprimes en nuestra vida
De encanto mágico sello.

Que con el vivo destello
De tus ojos, iluminas
Con claridades divinas
Nuestro existir; por ti, brindo,
Que culto ¡oh, damas! os rindo,
Bellas rosas sin espinas.


Puebla, 2 de abril de 1888.

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