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sábado, 24 de enero de 2015

JUICIO SOBRE LA GUERRA DEL YAQUI Y GÉNESIS DE LA HUELGA DE CANANEA…

RECOMENDACIONES y LITERATURA.

SELECCIÓN DE: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   La imprescindible LUX. La revista de los trabajadores, en su edición del año XXVIII, 2ª época, 1° de junio de 1956, N° 27, p. 33, nos recuerda la publicación del opúsculo que llevaba por título:


   En aquel año de 1956, se tiraron 15 mil ejemplares de tal publicación, gracias a los buenos oficios del propio Sindicato Mexicano de Electricistas quien hizo suya tal edición.
   Fue el propio Senador y General Esteban B. Calderón el que dejó en unos apuntes sus impresiones sobre la vivencia experimentada en ambos casos. Así comienza:

   Refiere el opúsculo que la guerra del Yaqui fue un filón, un buen negocio para los políticos y militares de los Gobiernos del Centro y local, que se enriquecían a costa del erario nacional, manteniendo una guerra de exterminio contra una raza viril, a la vez que heroica y trabajadora. Desde los tiempos de la conquista española y de sus voraces encomenderos, esa raza, de macizos músculos y férreas convicciones, venía pugnando por la justa y legítima posesión de sus tierras y ha sufrido lo indecible por esta causa.
   En cuanto al caso “Cananea”, el 31 de mayo de 1906, dos mayordomos de la mina Oversigth de la “Cananea Consolidated Cooper Co.” avisaron a los trabajadores que desde el día siguiente ellos –los mayordomos- actuarían como contratistas y estarían facultados para reducir personal y aumentar las tareas.
   La indignación que causó este anuncio entre los mineros mexicanos no se hizo esperar. En la madrugada del 1° de junio los trabajadores se declararon en huelga y se concentraron a la salida de la mina exigiendo 5 PESOS Y 8 HORAS DE TRABAJO, y unificándose todos a la voz de ¡Viva México! Horas más tarde, los mineros nombraron una delegación de 14 trabajadores, encabezada por Manuel M. Diéguez y Esteban B. Calderón que se presentó en la Comisaría del Ronquillo para discutir con los representantes de la empresa, en presencia de las autoridades, la organización del trabajo y el pago de los salarios.
   Ese fue el principio de un largo y penoso capítulo enfrentado por 1200 trabajadores que fueron reprimidos, a pesar de que el contingente de obreros inconformes crecía y comenzaba a ser blanco de la represión por parte de los contratistas. Una masacre se desató a las afueras de aquella mina, pero también frente al Palacio Municipal de Cananea. Una actitud completamente reprobable por parte del gobernador sonorense en turno, un señor de apellido Izábal quien encabezó personalmente las maniobras, por lo que el 2 de junio, como a las 10 de la mañana llegó a Cananea con 5 carros de ferrocarril pletóricos de soldados, entre ellos 275 “Rangers”, lo cual habla muy mal de su actitud sumisa y entreguista a los intereses norteamericanos.
   A pesar de un juicio en el Gran Jurado de la Cámara de Diputados donde se le acusó de traición a la patria, Izábal, con el apoyo de Porfirio Díaz y del vicepresidente Corral regresó a Hermosillo “limpio de culpa”. Tanto manuel M. Diéguez y Esteban B. Calderón, luego de sus inútiles intentos por dialogar con el “patrón”, fueron enviados a San Juan de Ulua.
   Un año después de aquellos acontecimientos, el caso de alguna manera reincidía en otro sitio laboral en condiciones similares a las de Cananea. Me refiero a Río Blanco, donde también los trabajadores sufrieron persecución y se asesinó a un buen número de tejedores que “holgaron contra la explotación inicua de las tiendas de raya”.
   Por todas estas razones “El comité central del Sindicato Mexicano de Electricistas suscribe el prólogo de Juicio Sobre la Guerra del Yaqui y Génesis de la Huelga de Cananea”, aseverando que “identifica sus luchas con el pasado, de donde el presente ha bebido en las fuentes de su existencia”.



   En mayo de 1956, el Sindicato Mexicano de Electricistas tuvo a bien convertirse en anfitrión de dos muy especiales personajes, tal y como puede observarse en la imagen que quedó convertida en testimonio de aquella visita, la del combatiente de la huelga de Cananea, Senador General Esteban B. Calderón y el amigo y correligionario de Ricardo Flores Magón, Nicolás T. Bernal, quienes aparecen en compañía del Comité Central y la Comisión de Hacienda del propio SME. Sentados, además aparecen Agustín Sánchez Delint, entonces Secretario General del SME. De pie, se puede identificar a Antonio Leal Díaz, Luis Alvarado Tello, Mario Martínez Brocado, Luis Aguilar Palomino entre otros.

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