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miércoles, 2 de julio de 2014

ARQUELES VELA EN LA REVISTA LUX.

LUZ y FUERZA DE LA MEMORIA HISTÓRICA y SUS AUTORES INVITADOS.

POR: JOSÉ FRANCISCO COELLO UGALDE.

   El movimiento estridentista en México, se declara con toda su arrogancia e independencia hacia 1921. Se trata de la manifestación artística y literaria que un pequeño grupo de jóvenes mexicanos demostró como forma de ruptura ante los convencionalismos que predominaban por entonces, enfrentando incluso a ese otro movimiento, el de los “Contemporáneos” que también daba muestras del mismo tipo de inquietud. Sin embargo, aquel era mucho más contestatario, provocador, iconoclasta. De él, hubo personajes que dejaron una clara huella de sus inconformidades. Uno de ellos fue Arqueles Vela, quien valiéndose de su juventud, dejó muy claro en su declaración de principios, que luego no prosperó, pues el mismo movimiento, de alguna manera se desintegró cuando Germán List Arzubide, Fermín Revueltas, Manuel Maples Arce, Leopoldo Mendez, ya sea entre el conflicto de seguir o no, encontraron un posible agotamiento, con lo que se produjo la dispersión, pero no el olvido de toda su trayectoria, la que quedó claramente demostrada en su conocido “Manifiesto”.[1]
   En LUX. La revista de los trabajadores un empeño de esa dimensión, la de aquel movimiento inacabado, siguió de alguna manera encontrando espacios donde hacerse notar, ya no como el primer despertar, rebelde y caótico, sino como algo que maduraba. En ese sentido, una colaboración de Arqueles Vela, nos deja entender ese paso y esa concreción hacia objetivos mejor trazados, por lo que me parece muy apropiado traer hasta aquí sus ideas y opiniones al respecto de…


   La historia de la humanidad comienza con el hallazgo del primer signo vocal que designaba un nombre común: HOMBRE… quería decir todos los hombres; LUZ… todas las luces que se encendían y se apagaban sobre la tierra…
   Desde aquel momento se abre al hombre la ruta de la aventura intelectual. El hombre descubre los litorales ignotos de su mundo interior y construye la arquitectura de su provincia espiritual, porque las palabras son al pensamiento, lo que los utensilios a la actividad natural de la obra –dice Ratzel en su historia del Desenvolvimiento Social- depende en parte, de la cualidad del utillaje.
   La obra intelectual depende también, de la cualidad del utillaje del pensamiento –la palabra- que fundamenta y decide su perfección.
   El mundo adquiere un sentido en los labios del hombre. Pero este sentido es perecedero. Apenas se transmite por la tradición oral; y cuando llega a las generaciones posteriores, ya está inevitablemente modificado por la ingénita necesidad individual, de participar en la creación del mundo material.
   El pensamiento se hace imperecedero cuando el hombre convierte en signos gráficos los signos vocales.
   La escritura representa y encierra tantos valores espirituales, que el hombre de los primeros tiempos la consideraba como una fórmula mágica; como una fuerza sobrenatural que llega a transformar la materia en espíritu y el espíritu en materia: el Verbo se hizo Carne… cuando la idea se hizo acción…
   La palabra escrita no tan sólo contribuyó a fijar la claridad de las ideas, sino aún a realizar una organización social superior.
   El hombre pudo aprovechar la experiencia de las generaciones pasadas, analizando el pensamiento escrito.
   Así pudo también superar la fuerza de las ideas, utilizándolas en el desenvolvimiento de su mundo material y espiritual.

Manuel Maples Arce / Manifiesta Estridentista ¡Viva el mole de Guajolote! / Puebla, 1° de enero de 1923 / Impresión gráfica directa. / Museo Nacional de Arte, CONACULTA, INBA. En internet, consulta de julio 2, 2014 en: http://www.mexicanisimo.com.mx/anteriores/no7/siglos.html

  Toda idea que penetra y se generaliza en la colectividad, se convierte en energía social.
   Nuestra vida necesita de esa energía para progresar.
   Mientras existan ANALFABETAS no podremos extender nuestro poder de comunicación. No podremos intensificar nuestra vida intelectual. Cada ANALFABETA es un elemento menos que convive con nosotros; un elemento que no alcanza la plenitud en la convivencia social. Nuestra obra por muy perfecta que sea, quedará reducida a un núcleo y no podrá jamás crear un ideal común.
   Mientras existan ANALFABETAS no podremos establecer nexos fuertes para solucionar los problemas de la existencia. No podrá existir una vida política completa, porque no habrá vida pública. Viviremos en plena plaza pública…
   Todo hombre que no sabe escribir es un hombre mortal… llamado a perecer…
   Tenemos que ayudar a que todo hombre alcance su inmortalidad, dejando la huella de su pensamiento en la palabra escrita…
   Tenemos que ayudar a que todo individuo pueda desarrollar su personalidad, proporcionándole las bases de su nutrición intelectual.
   Sin este requisito, el esfuerzo cultural de las generaciones pasadas será inhumano…
   La vida se la debe a la educación…

En: LUX. La revista de los trabajadores, Año XVIII, N° 8, 31 de agosto de 1945, p. 9.

   Como se podrá observar, las páginas de esta emblemática publicación sindical, tuvo a lo largo de diversas épocas, la posibilidad de abrir las puertas a diferentes creadores y hacedores en el campo de la cultura, lo cual deja entender que no estaba reñida con este ámbito tan delicado, pero que necesitaba asideros cuya divulgación se acercara, tanto como fuera posible, a la clase trabajadora. Este ejemplo se encuentra claramente en buena parte de LUX, de cuyos años que van de 1945 a 1965 he obtenido una valiosa reproducción fotográfico-digital que permite entender muchos significados del propio S.M.E. al margen de su condición en tanto institución concentradora de miles de obreros; especializados en la producción, generación, transmisión, distribución y comercialización de la energía eléctrica.
  En futuras colaboraciones me iré ocupando de otros interesantes ejemplos, donde figuran intelectuales que consolidaron la mirada cultural del México en el siglo XX.

[1] Para mayor información, recomiendo la lectura de “El estridentismo mexicano y su construcción  de la ciudad moderna a través de la poesía y la pintura” de José Manuel Prieto González. Véase: http://www.ub.edu/geocrit/sn/sn-398.htm

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