POR: JOSÉ FRANCISCO
COELLO UGALDE
El país está cambiando. Los últimos
acontecimientos que detonaron en el caso de los 43 estudiantes de Ayotzinapa
han venido moviendo y conmoviendo a la sociedad en su conjunto. La
descomposición gubernamental, la ausencia de autoridad de la autoridad, el
empoderamiento de los grupos delictivos que, al margen de la ley y la justicia
someten a su antojo a autoridades civiles, de protección o militares ponen al
sistema político, social, económico y demás en condiciones vulnerables. Eso por
un lado. Por otro, desempleo, producto interno bruto a la baja, arribo de
trasnacionales para materializar el sueño neoliberal de la privatización y con
ello el sometimiento de la mano de obra para convertir toda su fuerza en algo
menos que “outsourcing”. Ya lo decía Arturo Alcalde Justiniani:
Golpear a los
trabajadores reduciendo sus condiciones laborales, ampliando sus jornadas,
domesticando a sus sindicatos y agilizando el despido barato, se ha convertido
en deporte nacional. Pese a lo lamentable, esta vorágine depredadora no
encuentra mínimos contrapesos, el sindicalismo está en su peor momento, la
justicia laboral tripartida es una simulación y los gobiernos, salvo
excepciones, no tienen voluntad política para defender a la gente y optan por
ocultar los problemas o hacer causa común con las empresas que cada día
aprietan más duro a los trabajadores. Ello explica nuestra miseria salarial y
por qué en las comparaciones internacionales ocupamos los peores lugares en
todos los renglones laborales, salvo en el de la corrupción en el mundo del
trabajo y el de los altísimos salarios de funcionarios públicos o ejecutivos
empresariales, temas en los que desafortunadamente ocupamos los primeros
sitios. (La Jornada, 20 de septiembre
de 2014. Opinión “No más falsos honorarios ni subcontratados”, p. 20.
Para
quien quiera, allí están figuras tales como la subcontratación u outsourcing, a la que solo les falta
regularización de todos sus empleados, incluidos los de honorarios,
subcontratados y falsos temporales, con el fin de otorgarles estabilidad y
seguridad social.
Todas
ellas son manifestaciones indeseables de una velada realidad laboral. Campo en
desahucio, mares, litorales, ríos subutilizados y contaminados… en fin, un
panorama negro que es apenas parte de esa mirada general de todos los
conflictos cuyo origen tiene que ver con la desigualdad, la abrumante soberbia
de la clase política y una profunda inmadurez histórica que señala el hecho de
no estar alcanzando los ideales de un estado-nación que, desde 1821 y hasta
nuestros días deja ver lo limitado que sigue siendo México en muchos sentidos.
Con un andamiaje a medio construir que se cae, vuelven a levantar y de nuevo
vuelve a caer, es porque muestra inconsistencias, inestabilidades muy graves
que no garantizan, por ahora pasos firmes que indiquen señales de afianzamiento
ni un porvenir mejor.
Como vemos, el doloroso ejemplo de
Ayotzinapa no fue suficiente razón para el gobierno, pues apenas pasada la dura
prueba de la reunión de los padres o familiares que sostuvieron con el
presidente de la república hace unos días, reunión cuya duración se fue más
allá de las cinco horas, y donde los resultados fueron entre otros, la firma de
una minuta de compromisos, apenas pasó el tiempo suficiente para que el
gobierno “cerrara el trato” con respecto a la aprobación definitiva de la
publicación de los 24 reglamentos y ordenamientos de las leyes secundarias de
la reforma energética, con lo que ya existen todas las condiciones para la
libre competencia de empresas –tanto privadas como del estado-. En medio de esa
insensibilidad que no ven, que no aprecian, en aras de los duros dictados que
impone el modelo neoliberal, se abre la opción de un futuro incierto pues ello
parece indicar que la futura clase trabajadora tendrá una difícil opción de
colocarse dignamente en medio de una oferta en la que todas aquellas empresas
trasnacionales que se instalen en nuestro país, traerán por lo menos a su
propia plantilla, lo que podría impedir que las esperanzas de tantos y tantos
mexicanos se concrete para asegurarles a cada uno de ellos un futuro
prometedor.
La muy inoportuna declaración de Luis
Videgaray, en el sentido de que los acontecimientos de Guerrero si bien cambió
ante el mundo, ello no implica que las inversiones en México no se vean
afectadas. Tardías palabras luego de que en el resto del mundo esa imagen nos
produce pena ajena y los políticos no encuentran un término medio para “tapar
el ojo al macho” y salir airosamente en situaciones tan incómodas como estas,
que han puesto al país al borde del colapso. Más adelante comentó que “El
Estado mexicano está gastando considerablemente más en las fuerzas armadas y de
seguridad, pero también en la impartición de justicia”, y ya vemos los
resultados no son los que esperamos los mexicanos. Es cuestionable por ejemplo
el peligroso corte presupuestal que ha sufrido una vez más la cultura, pues 4
mil millones de pesos menos para ser ejercidos en 2015 significan un gravísimo
retroceso así como permitir con todo ello que sin la cultura necesaria, muchas
generaciones de estudiantes queden todavía más limitadas en términos del
conocimiento que hoy tanto se necesita para garantizar que el país avanzará
hacia ese estado deseable de estabilización y mejoría.
Como ciudadano digo: la actuación de la
clase política de nuestros días deja mucho que desear, de ahí que la sociedad,
en la que estamos inmersos todos los mexicanos, reclamamos mejores respuestas,
actitudes, desempeños de quienes formados bajo la teoría neoliberal, se nieguen
a entender que en el México que se niegan a ver, hay un permanente enojo y
desencanto. Su “México”, el “México” que ellos ven, es un “México” de ficción,
un “México” falso, en el que no pasa nada y todo es felicidad y armonía. Tienen
que entender que México, así, como está escrito, como es en la realidad, es
otra cosa. Ojalá lo entiendan algún día…
5 de noviembre de
2014.
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